Guerra, rearme, botón nuclear, y países encantados de conocerse

Me ha dado en este artículo por mezclarlo cositas, y reclamar un día más que termine la Guerra de Ucrania, y este nuevo mundo belicoso que nos quieren imponer, además de que la escuela recupere la auténtica educación que ahora también se devalúa, porque el saber ya no interesa. Desdichadamente, dos hechos cobran fuerza. El primero, que la guerra no tiene pinta de acabar, porque Putin es un soberbio. Y la segunda, el resto de países se han enrolado en el rearme. Poco importa ya el viejo y maravilloso concepto de estados del bienestar, con la sanidad, educación y cultura en primera línea, relegadas ahora por la inflación y el belicismo.   

 En Guerra y paz, novela precisamente del ruso León Tolstói (1928-1910), al final se produce un empate entre lo primero y lo segundo, como está sucediendo ahora con la invasión de ucrania por el ejército ruso. Es decir, que nadie salió ganando. Por cierto, antes de seguir con la guerra y los terribles daños que propicia, el citar a Tolstói me lleva directamente a criticar todos los retoques a la educación que se hacen en España (como el último Decreto sobre la ESO), ya que, al final, que es lo que realmente se quiere, estamos formando indocumentados.

De regreso a la guerra, que es lo que toca a diario en este 2022 de Covid, tanques, misiles y bombardeos, ya no es sólo Putin contra el mundo, sino que el Napoleón ruso va sumando aliados, algo que empezó con la apuesta total de China (1.412 millones de habitantes) por el Kremlin, y ahora se une la India (1.380 millones). Al parecer, la población india añora los tiempos de cuando el mundo estaba dividido en dos bloques, y la línea diferenciadora la establecía el Muro de Berlín (otra cita para los estudiantes de la ESO). Aquella gigantesca Unión Soviética y sus países satélites, donde se habla ruso, como Polonia, Rumania o Checoslovaquia, hoy dentro de la Unión Europea. ¿Habrá un Brexit a la rusa y algunos países del este abandonarán la UE? Como quiera que vivimos tiempos locos, donde, por pasar, pasa hasta que en la Gala de los Oscar Will Smith le propina un sonoro tortazo al presentador, ¡cualquiera hace quinielas!

No tiene vuelta de hoja: la cosa está mal. No lo quieren ver así quienes viven sin estrechez alguna, pero incluso ahora eso es ya la excepción, porque hablar aún, como se hace en España, de estado del bienestar, no tiene mucho sentido. ¿Cómo va a haber bienestar con una guerra dentro de Europa, y las consecuencias de subida en todos los precios y dispararse la inflación hasta una cifra que no se recordaba aquí desde 1985? De 2022 a 1985. A esto se le llamar ir para atrás, y creo que es una afirmación totalmente realista, que se ajusta únicamente al razonamiento clásico (decir lo que es y dejarse de ambigüedades).

Nadie nos va a traer soluciones como no empecemos a reclamar con insistencia cordura. Los intelectuales de todas partes deberían corearlo a diario. Es como cuando se apartó del Covid a los científicos, para dejarlo todo en manos de la gestión política directa que representan los Gobiernos de los Estados. Pero no debiera ser así, sobre todo cuando los problemas son titánicos y no dejan de acumularse. Hay que volver a citar los principales, aunque ahora la prioridad es parar la Guerra de Ucrania. ¿Vamos a solucionar el Cambio Climático con una guerra? ¿La recuperación económica tras el arrasamiento de todo que supone la pandemia, se arregla con una guerra? ¿Con un ambiente tan bélico como el actual, existe porvenir para las jóvenes generaciones, y podrán seguir disfrutando de este maravilloso planeta? Muchas preguntas, pero todas en el aire. Somos de lo que no hay. En vez de apostar por la sanidad, por la educación, por la cultura y el desarrollo de los pueblos, nos han recuperado el lenguaje del botón nuclear, de los bloques, de los muros, de traer terror y hambre a pueblos como el ucraniano.

Incluso se incide, decididamente nos toman por tontos, en que ahora en Europa, su recuperación económica, queda vinculada al incremento del gasto militar, y de la fabricación y mayor aumento de venta de armas, lo que en  algunos países supondrá más empleo. Me niego a aceptar este nuevo mundo que nos están imponiendo. Apuesto por el pensamiento de Séneca (cuánta falta hace en las aulas regresar al estudio de los clásicos), cuando escribe que en las grandes desgracias, el consuelo es que no pueda sobrevenir otra mayor. Como ven, a nosotros nos ocurre lo contrario: una tras otra. Estados Unidos y sus aliados, y Rusia y sus aliados. Será estratégico, pero todo esto es antiguo, debería quedar obsoleto, como los silos nucleares, meter miedo con el Apocalipsis, y demás imbecilidades que estamos hartos de ver en las películas, y no debemos permitir que se conviertan en realidad. Todo lo que pasa con Ucrania está dentro de nuestras viejas rencillas. Lo han empezado Rusia y China. Estados Unidos y la Unión Europea están mejor callados. Resulta lamentable que con todo lo que tienen que hacer aún por el hambre y necesidad de sus ciudadanos, caso de la India apoyando ahora a Rusia, en cambio se sumen a la barbarie que supone todo enfrentamiento bélico. El sonido de los tambores de guerra no se apaga. Tampoco el del gran negocio que supone, ya que, de repente, nos fusionan como eje positivo de desarrollo, economía-recuperación-armamento. ¡Válgame el cielo que veo! (Calderón de la Barca-La ESO). Terminaremos trabajando todos, y es lo que hay que impedir, en las fábricas de hacer tanques y balas.