LA GASOLINA HUNDE A REINO UNIDO Y LA LUZ A ESPAÑA

Lo de la luz en España es ya como una serie de Netflik. En cada capítulo resurge tal tensión que hace rehenes a los espectadores. Con el recibo de la luz, también se puede hablar de estar secuestrados, ante el panorama de quedarnos a dos velas por no poder asumir el desorbitado precio de un servicio tan básico como es la electricidad. Eso, la ciudanía, porque no hay que olvidar el futuro tan inestable que tienen nuestras empresas, enfrentadas directamente con las compañías energéticas, que no asumen regulación alguna por parte del Gobierno, y quieren incrementar directamente los contratos suscritos anteriormente con sus clientes.

Lo reconozco: la utilización del verbo hundir para referirse a algo, no suena nada bien porque inquieta. Pero el padecer un síndrome semejante a pintar el panorama como en realidad no es, sucede en España, también en el resto de la Unión Europea, y, más allá, en los cinco continentes. La deseada recuperación económica tiene frente a sí a tres gigantescos obstáculos como son la falta de dinero en los diferentes países y en los bolsillos de los ciudadanos, los desorbitados precios de las energías, y la acuciante falta de materias primas con las que las fábricas (muy tocadas) hacen su trabajo de producir bienes de consumo de todo tipo.

Un ejemplo: si nos hubieran dicho hace tan solo un año que iba a ocurrir lo de Reino Unido, donde los usuarios llegan a las manos para conseguir gasolina, o lo de España con el precio de la luz que pone en peligro a todas las empresas, no hubiéramos dado crédito a semejantes hechos. El caso inglés se veía venir, porque empiezan a pagar la soberbia de abandonar la UE mediante el Brexit y las consecuencias que ello conlleva. Aunque lo que sucede en España pertenece al género de buscarnos problemas nosotros mismos, como acostumbramos a hacer con todas las cosas.

Si bien es cierto que el Gobierno acaba de aprobar una serie de medidas para abaratar el precio de la luz y el gas, hasta ahora los acuerdos tan solo han venido a demostrar un par de cosas. Una: Que el precio de la luz no baja y cada vez es más alto y caro. Dos: Que las empresas, en general, grandes, medianas y pequeñas, están ya en alerta máxima, y amenazan (como acaba de hacer Mercadona con Iberdrola) con cambiar de proveedores energéticos, que es lo mismo que buscarse la vida ante el cariz de subidas que se están produciendo en España, y que nos ha hecho regresar a tiempos de extrema preocupación por el aumento descontrolado de la inflación, del 0,7 en 2019 al 6,3 de ahora).

Está cercano el invierno y mucho me temo que las protestas sobre el recibo de la luz y el gas solo han hecho que empezar. Valoro muy bien que la protección de familias vulnerables en caso de impago se amplie de cuatro a diez meses, pero al tiempo nos ha de preocupar la situación tan delicada en que las tarifas ponen a las empresas, ya de por sí muy tocadas por el Covid. Prueba de ello, es que las principales multinacionales del sector en España, como son Iberdrola o Endesa, van a mandar en los próximos días medio millón de cartas a sus clientes para renegociar sus contratos. En el texto no se hablará de bajadas, todo lo contrario. De la subida de las energías en general, depende el efecto directo que tiene en aumentar el precio de todo lo demás, desde el pan a unos zapatos. Energéticas contra resto de empresas es un choque de trenes en toda regla, y vamos a ver cómo acaba semejante irracionalidad, que trata de evitar las medidas gubernamentales para que empiece, de verdad, a bajar el precio de la luz.

Así hay que ver lo ocurrido el sábado, 2 de octubre de 2021, bautizado tristemente como el día más caro en la historia de España en lo que a coste de electricidad por hora se refiere. Muchas eran las especulaciones sobre lo que vendría tras el Coronavirus, y ahora ya lo sabemos: una crisis energética internacional. De ahí a otra gran depresión económica hay un paso. Me gustaría serles de más utilidad, mediante un moderado optimismo, pero lo que no puede ser, no puede ser. En España estamos hablando de muchas cosas, nos perdemos de continuo en banalidades, pero prestamos poca atención a lo principal, nuestro sistema productivo y lo que suponen las empresas, los empresarios, los empleos y la creación de nuevos puestos de trabajo. Los problemas se acumulan, pero el disparatado pago de la factura de la luz de un autónomo por su pequeño comercio, no debería ser uno de ellos. Los casos sobre el incremento de estas facturas, en muchos casos el doble o el triple, son uno de los mayores despropósitos a los que nos hemos enfrentado en los últimos tiempos. Que si tarifazo de esto, que si tarifazo de lo otro, es lo que lleva a la penosa situación que se vive en el Reino Unido, pero con la cabeza gacha también en España, con una economía en serio riesgo de verse apagada por la falta de energía y ganancias con las que abonar el dichoso recibo de la luz. Esta es la realidad.