«POLITICAMENTE CORRECTO»

Estoy “hasta las narices” de lo llamado “políticamente correcto”; estoy “hasta las narices” de los nuevos inquisidores que llamándose a sí mismos demócratas no respetan la discrepancia y la ocultan desde una pretendida superioridad moral que no tienen.

Ir “contracorriente” de lo que piensa una parte muy importante e influyente de esta sociedad es un riesgo para aquellos valientes y decentes que, equivocados o no, defienden desde lo más profundo de su ser sus convicciones religiosas, morales, políticas… e incluso sobre la libertad y la propia salud.

Es peligroso discrepar porque cuando la razón se defiende con pasión crea muchas resistencias que utilizan el descrédito, el grito y la descalificación.Pero las supuestas mayorías no han tenido siempre razón, ni mucho menos, y la historia así lo demuestra.

Es más, las supuestas mayorías engañadas o no, han realizado las atrocidades más grandes de la historia, como hemos visto en el siglo pasado con la actuación de nazismo, del comunismo y de otras ideologías.

El momento que vivimos es un momento de oscuridad. Parece que la razón se está perdiendo y se crea, como por “arte de magia”, una supuesta verdad paralela, acorde con los intereses de unos pocos, pero que embaucan a muchos.

Por ejemplo, me decía días pasados un científico con gran nivel en el extranjero que siente vergüenza de su profesión, por los intereses que existen y que tapan muchas verdades en el campo de la investigación médica; lo mismo pasa en el periodismo, en la política, en cualquier actividad social… Por ello, son tiempos de oscuridad en los que el mal, es decir, la mentira y el egoísmo, parecen haberse adueñado de nuestras vidas y no dejan espacios libres para que resplandezca la sensatez, el análisis serio, el bien y la verdad.

Todo ello es aún más preocupante cuando vemos que se quiere seguir profundizando en la carencia de conocimientos y de valores  desactivando desde la más tierna edad escolar una formación integral. No les interesa que existan personas formadas para pensar y trabajar por sí mismos, sino grandes capas de personas anodinas, sin capacidad de conocimiento ni libertad crítica alguna. Así unos pocos seguirán dirigiendo este “tinglado”.

Necesitamos con urgencia “líderes” capaces de enfrentarse a la corriente actual, capaces de decir lo contrario de lo que dicen tantas terminales mediáticas y supuestos líderes de opinión. Necesitamos personas dispuestas a ser arrojadas a la “hoguera” de los poderes imperantes, que casi todos parecen contaminados por el mal. 

La única forma de vencer al mal es defender el bien, si es necesario, «quemándose» socialmente.