De la luz a las patatas: la subida alocada de todos los precios

El dinero vale menos, se llama inflación, y sube el precio de todo, como sucede mayormente en España, con la energía, la gasolina y la comida en general. Como se puede ver, son productos que afectan de lleno a unos bolsillos cada vez más agujereados y empobrecidos. Si bien es cierto que el Covid no da tregua y que su factura económica es aún indefinible, sería bueno que la Unión Europea presentara un plan económico creíble que, sobre todo, no castigue a los de siempre y a sus necesidades más básicas como sucede con el comer o encender la luz.

Como lo primero es lo primero, me pongo antes de nada a localizar una lista, lo más exhaustiva posible, que me enumere muchas de las cosas que han subido su precio durante los últimos meses Covid. Encuentro esta, junto a algunos porcentajes suficientemente aclaratorios de esas subidas: aceites comestibles (un 24,5%; el aceite de oliva un 7,5%), accesorios informáticos, electricidad (disparada), gasolina, gas (5,9%), fruta (6,9%), hortalizas (un 5,7%; las patatas igual), legumbres (5,7%), pescados, refrescos (11%), seguros en general o transportes (6%).

Son solo algunos ejemplos de muchos más que hay, aunque los citados afectan directamente al bolsillo, por ser gastos derivados de la vivienda, como la luz, o la cesta de la compra, con casi todos los alimentos afectados por la gran subida de todo que se está produciendo en este segundo año de pandemia.

Cuando se empezó a hablar de recuperación o reconstrucción, y de los famosos fondos europeos que nunca terminan de llegar en condiciones, nadie avisó de que, básicamente, iba a consistir en elevar el precio de todo aquello que consumimos de habitual, aunque el mismo verbo (elevar) no sea el más apropiado a la hora de reflejar lo que está pasando con el recibo de la luz, incluidas las peregrinas explicaciones oficiales que se ofrecen, para no arreglar un problema que afecta a tantísimas familias, empresas y autónomos, que han visto como su factura eléctrica se duplica o triplica en muchos casos.

Poco escapa a la crítica cuando se reduce la gasolina que podemos echar a nuestros coches, y el carro de la compra se ve disminuido, porque ya no llega con el presupuesto que con anterioridad dedicábamos a estos menesteres esenciales de nuestras vidas. Pisar la calle de verdad es ver todo esto con claridad, porque la vida ya está suficientemente comprometida con el hecho de un virus mortal que campa a sus anchas, para que encima el índice de precios se ponga por las nubes, y créanme que no es una frase hecha sino más bien la realidad.

Hay otro hecho mucho más grave como es la pobreza que genera esta descontrolada situación. Se multiplican las familias que no llegan a final de mes, al igual que los ciudadanos que han de acudir a los servicios sociales para pedir ayudas de todo tipo. Por eso antes aludía a que esto no es reconstruir sino retroceder en el estado del bienestar. En España pasamos ya de una crisis económica a otra, y parece que nos volviéramos inmunes a todo el daño social que genera el cambio de vida, a peor, que sufren en sus propias carnes muchos ciudadanos que lo pierden todo. Empezar a sacar cabeza del Covid con la subida del aceite y las patatas no hace creíble la auténtica situación económica por la que atravesamos. Sin duda, los fondos europeos serán inversiones reales a futuro, pero lo primero que hay que cuidar y potenciar es lo más cercano que tenemos, como son las familias, sus empleos y lo que pueden hacer con los sueldos que ganan.

Hace años que habíamos dejado atrás el run run de la inflación que ahora regresa. En términos económicos, la inflación es un peligroso proceso al que se llega por el desequilibrio existente entre la producción y la demanda. Causa una subida continuada de los precios de la mayor parte de los productos y servicios, y una pérdida del valor del dinero para poder adquirirlos o hacer uso de ellos. Ni más ni menos que lo que estamos viviendo ya, en España con más énfasis a lo que ocurre en el resto de la Unión Europea, que tampoco se libra de esta subida de la inflación de la que por ejemplo Alemania tiene tanta alergia. Con la inflación el dinero vale menos y disminuye el poder adquisitivo. Son muchas las recetas que los expertos dan para rebajar la inflación y siempre coinciden en el mismo punto: reducir el gasto público. Era algo que repetía hasta la saciedad el recientemente desaparecido José María Gay de Liébana. ¡Todo un genio! Lo cierto es que Europa, y España está dentro de ella, necesita de un urgente plan económico para que una vez más no sean los de siempre los que pagan la factura de la crisis: trabajadores, pensionistas, autónomos y jóvenes en su acceso a un primer empleo. Esta historia ya la conocemos y no se llama precisamente reconstrucción.

 

 

 

 

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