Comunicar hoy que el Covid va bien y mañana decir lo contrario

Esta quinta ola del Covid, llamada la joven, demuestra que una cosa es la tranquilidad que se traslada a la ciudadanía, y otra muy distinta la pésima situación que volvemos a vivir en número de contagios, muertes y saturación hospitalaria. A lo largo de toda la pandemia se ha echado en falta una información y comunicación veraz, fiable, que a fin de cuentas es lo que puede dar seguridad sobre el presente y el futuro de lo que pasa realmente en nuestro país. Como eso no ocurre, impera la incertidumbre, de ahí que, aunque se pueda, no nos quitemos la mascarilla en la calle.

Desde la declaración de la pandemia de Coronavirus en España, allá por marzo de 2020, llevamos algo así como 16 meses asistiendo a un desbarajuste comunicacional e informativo, del que tanta culpa tiene el emisor, anótese Gobiernos, como el mensajero, a los que conocemos como medios de comunicación. La técnica, por llamarlo de alguna manera, consiste en mantener a toda costa que lo del Covid va miel sobre hojuelas, por la marcha de la vacunación ante todo, cuando al día siguiente se tienen que tomar urgentes medidas, con jueces que dictan toques de queda pedidos, ante la posibilidad real de que los hospitales se colapsan hasta reventar.

En este momento no me atrevo a esgrimir un balance de la situación que vivimos, pero es notorio que impera la indisciplina social, lo que hace que cada cual haga lo que le viene en gana, y como resultado los contagios están disparados mientras las concentraciones, de jóvenes y mayores, no disminuyen, pese a lo cual se insista y machaque el mensaje de que España va bien, aunque no sea ni mucho menos así.

La búsqueda de la verdad ha sido siempre el santo y seña del periodismo, hasta que llego el Covid-19. De nuevas, nos anuncian que seguramente debamos recibir una tercera dosis de vacuna. Anteriormente, se vendió que a finales de julio llegaríamos a una inmunidad del 70%, que nos daría ya la tranquilidad total para pasar un buen verano, vacacionar, viajar y recibir turistas, y reubicarnos en una economía que recuperara su ritmo habitual. En ninguno de los casos, va a ser así. Igualmente, se presenta un nuevo curso escolar que será muy parecido al anterior, donde la educación telemática sigue su implantación, pese a tener nuestro país un sistema educativo que, año tras año, da las peores notas dentro del informe PISA que es el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes. Por cierto, la mala educación que reciben nuestros jóvenes en escuelas, institutos y universidades se ha puesto de manifiesto en su comportamiento ante el virus, que mayormente consiste en no hacer nada de las recomendaciones de mascarilla, distancia y evitar los lugares y las concentraciones (los famosos botellones) donde a buen seguro tienes todas las papeletas de pillar el Covid.

Nuestros jóvenes, ni están bien educados en la responsabilidad, ni informados adecuadamente de todo por lo que estamos pasando y sus consecuencias, ni mucho menos motivados, porque ya parecen no creer en nada ni en nadie. Y no es de extrañar.

La desconfianza se plasma en el hecho de que la mascarilla ya no sea obligatoria por la calle, salvo excepciones que no hacen falta ya que la gran mayoría de ciudadanos, de todas las edades, no se la quiten por las muchas dudas que hay sobre los contagios que se están dando. ¿Nadie se pregunta sobre el porqué de esto? Si la información oficial sobre el Covid fuera fiable, digo yo que no se daría esta circunstancia de que, a pesar de que se flexibilicen las medidas contra el virus, la gente no siga estas recomendaciones del Ministerio de Sanidad. En el segundo año del Coronavirus ya no resulta creíble que se han de cambiar muchas cosas, gestionar mejor esta crisis sanitaria, porque el cansancio de la gente viene generado de no confiar. Habría que haberlo hecho mejor en su momento. Es cierto que se pueden contar con los dedos de una mano los países que han actuado eficazmente. Desde luego, la Unión Europea ha suspendido en la mayor y mejor coordinación de todo lo relacionado con la pandemia. Cada día que pasa, depende del país europeo, se toman nuevas medidas, algunas de las cuales entran ya – desde mi punto de vista- en una intromisión en los derechos individuales de los ciudadanos, algo que en esta parte del mundo resultaba sagrado. Aquella frase de que el Covid lo ha cambiado todo no era gratuita. Y es que hay que estar muy vigilantes a la hora de distinguir las medidas sanitarias que redunden en el control del virus, de esas otras que suponen una alteración del texto de las constituciones democráticas y todo lo relacionado con los derechos fundamentales. Sí, la situación vuelve a ser muy delicada por esta quinta ola del Coronavirus. También porque las ideas se han terminado, lo que deja a la ciudadanía en una clara situación de indefensión ante todo lo que está por venir. Tampoco esperemos que la información oficial lo reconozca.