Recordando pensamientos de Stephen Hawking sobre cambios

El científico Stephen Hawking no necesita presentación alguna. Era uno de nuestros referentes, que avisó como pocos acerca de la capacidad destructiva que tenemos, y al tiempo nos pedía que no renunciáramos jamás a la alegría. De vivir, ¿qué nos aconsejaría hoy? Creo que la respuesta está en que nos adaptemos de la mejor manera posible a lo que nos toca vivir.  

Especialmente en Europa, lo peor frente al Covid es que los ciudadanos no hemos asumido realmente los cambios, y que hay ya muchas cosas que no pueden ser ni hacerse como antes. Tuvimos un pésimo ejemplo con el paso de la cuarentena al verano. ¿Cómo no vamos a viajar ni divertirnos en vacaciones, como siempre? Sabíamos que no era recomendable, pero seguimos viviendo como si tal cosa, en medio de reuniones, fiestas, de bares, restaurante y botellones. ¡Ya llegará la vacuna!, nos repetía ingenuamente el mensaje oficial y las televisiones, aunque también queríamos creerlo, como si los males del inhóspito coronavirus fuera cuestión de descubrir un antídoto y fabricarlo en un santiamén.

Desde el principio de la declaración de pandemia, el optimismo ha querido tutear al virus, pero el Covid resulta intratable. Tampoco hace distinciones. Que se lo digan sino al mandatario Donald Trump o al futbolista Cristiano Ronaldo. Son algunos de los últimos nombres que pasan a engrosar la gigantesca lista de contagios. Creer siempre es lo primero, más si cabe cuando las cosas se ponen, como ahora,  tan mal. Lo que sucede es que no se pueden mezclar buenas intenciones con medias verdades, o mentiras, o manipulación, o supuestas evoluciones a mejor que luego no se dan. Todo esto, como ya sucede, termina por meter en un bajón de aúpa a la población en general. Un panorama desolador que se genera por  los malos datos de la denominada segunda ola del coronavirus, y que ha terminado con el consejo de muchos Gobiernos de que nos auto confinemos voluntariamente en casa.

El desarrollo de esta terrible crisis sanitaria requiere de un nuevo guión en el que no se obvien páginas. Para ser conciso: hay que decirle a la población la verdad, mantener las exigencias en todo momento, endurecerlas si es necesario, pero no andarse con promesas vacías, declaraciones en busca de notoriedad, o competiciones absurdas entre territorios que están mejor o peor. El caso es que Europa no sabe qué hacer con el Covid, pero hay una obligación de dar con la clave, que nos permita convivir y compaginar además nuestras tareas con la prevención para no contagiarse.

No es el fin de nada, pero si el momento de hacer muchas actividades de otra manera. Nuestra sociedad requiere de una nueva mentalidad, cuya ausencia es la causante ahora de la mayor propagación del coronavirus. Hay que empezar por el ejemplo gubernamental. Las Administraciones deben ser las primeras en ofrecer ese espíritu firme de actuación que todos queremos frente a la pandemia. No se puede hablar de nueva normalidad, y llevarla a cabo como tal, cuando el presente no permite aún hacer lo que nos apetezca. Con el coronavirus hay que ser inflexibles, no queda otra. En este sentido no hemos escuchado adecuadamente a médicos y científicos. Lamentablemente, seguimos en la tozudez.

Es necesario que la política se deje aconsejar con nitidez por la ciencia, para poder reencauzar esta mala situación socio-sanitaria. Un 14 de marzo de 2018, cuando empezó precisamente el primer confinamiento en España, murió Stephen Hawking. Tan gran divulgador científico protagonizó a lo largo de su vida muchos momentos en los que ofreció grandes lecciones a una humanidad de la que formaba parte. ¡Cuánto le necesitaríamos ahora!, aunque su legado sigue presente a través de sus pensamientos, ideas que conviene mucho refrescar en estos momentos.

-“El peligro radica en que nuestro poder para dañar o destruir el medio ambiente o a nuestros pares aumenta a mucha mayor velocidad que nuestra sabiduría en el uso de ese poder”.

-“Me he dado cuenta que incluso las personas que dicen que todo está predestinado y que no podemos hacer nada para cambiar nuestro destino, siguen mirando a ambos lados antes de cruzar la calle”.

-“El peor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión del conocimiento”.

-“La vida sería trágica sino fuera graciosa”.

-“La inteligencia es la capacidad de adaptarse a los cambios”.

Pues recordado queda.