El olvido como antihomenaje a las víctimas y héroes del Covid

Por 4, 40, 400 o 40.000, no podemos echar por tierra todo el trabajo realizado para mantener a raya el avance del coronavirus. La responsabilidad social es el auténtico homenaje a los que hemos perdido, y a quienes lo han combatido, empezando por los sanitarios. Muchos de las irresponsables que no cumplen las prevenciones demuestran dos cosas: olvido a lo ocurrido con las víctimas y creencia estúpida de que el Covid no les hará lo mismo.

Sigue aumentando la cifra de muertos por coronavirus, aunque muchos comportamientos sociales denotan olvido hacia el hecho y sus víctimas, como si no existieran, como si nada hubiera pasado en esta pandemia, que vuelve a preocupar, por los rebrotes, muchísimo. Acaba de producirse un homenaje nacional a todos los fallecidos, y también a todos los que describimos como héroes del Covid, por combatirlo en los hospitales, y también por desempeñar trabajos que resultaron de vital trascendencia para hacer seguro aquel “Quédate en casa”.

Es un hecho en la personalidad española que olvidamos pronto. Elogiamos, hasta llegar al peloteo, los logros de nuestros triunfadores en la materia que sea, principalmente en el deporte. Pero también somos los peores en la comprensión de que un mal día lo tiene cualquiera, lo que nos hace pasar directamente a la crítica feroz y a las descalificaciones más injustas. El coronavirus no está exento de semejante rifirrafe. Tal como ayer, los médicos, enfermeras o celadores eran maravillosos, y hoy ocupan menos espacio en el recuerdo de lo que realmente llegaron a hacer por su país. El tiempo pasa y es mucho lo que queda atrás, aunque hay cuestiones que deberían quedar siempre en la memoria colectiva, y son precisamente de las que debemos sacar conclusiones, cambiar, por favor, para no volver a cometer los mismos errores. El Covid es un gran error, uno más, de la humanidad encaminada hacia su propio desastre. Los homenajes protocolarios ocupan un espacio de tiempo muy concreto, pero hoy necesitamos mucho más ante semejante amenaza que no parece haber enseñado demasiado a los que deben tomar decisiones, mostrando en cambio el mayor individualismo ejercido por las grandes potencias desde la Segunda Guerra Mundial.

El Covid ha roto, variado o cambiado demasiadas cosas. Empezando por la solidaridad. Siguiendo por la unidad y terminando por lo que hemos aprendido, bien poco o nada, de los confinamientos, desescaladas, fases y nueva normalidad que no es tal, porque hemos regresado súbitamente a un escenario de miedo a los contagios y lo que pueden acarrear. Solo una sociedad disciplinada, ordenada y cumplidora, nos puede conducir hacia mejores resultados en el control férreo del coronavirus. No vale que una parte de los ciudadanos actúe con prevención, mientras otra decide estar de fiesta y correr riesgos innecesarios cuyos nefastos resultados conocemos todos.

Aquellos aplausos a nuestros sanitarios, a las ocho de la tarde durante el estado de alarma, los deberíamos cambiar hoy por autoevaluarnos a diario sobre cómo ejercemos las prevenciones básicas de mascarilla y distancia social. Hay que salir a comprar, intentar vivir con normalidad, pero cumpliendo con las recomendaciones políticas y sanitarias, lo que nos lleva a evitar todo aquello que es innecesario, como montar botellones, fiestas o concentraciones que no aportan nada, salvo peligro. Nuestras ciudades y pueblos nos acogen, pero somos ahora sus pobladores los que debemos dar sentido a unas normas de convivencia que las hagan recuperarse, económica y socialmente, del gran shock que es el Covid-19.

La pandemia es persistente y ha hecho ya un daño terrible a nuestra economía. Del exterior, particularmente no espero mucho, pero sí de los españoles en el trabajo incansable y apoyo común a la recuperación propia. Lo venimos en llamar un gran país. A estas alturas, no nos van a dar lecciones de esfuerzo y superación ni alemanes, ni holandeses, ni austriacos ni daneses. Hagamos las cosas bien. Tenemos las condiciones necesarias para ello: instituciones, empresas, empresarios, trabajadores, comercios, autónomos, emprendedores, estudiantes y jóvenes con ganas de abrirse paso. Debemos recuperar y asegurar nuestra forma de vida, con condiciones. La primera es no olvidar nunca este 2020, a todos los que hemos perdido, y a todos los que han evitado con su trabajo o actividad que fueran más. Y la segunda es alejar el riesgo de nuestras calles, cumpliendo a rajatabla con nuestra sanidad,  hasta que la pesadilla pase finalmente. No habrá mejor homenaje que evitar más muertes y contagios, y que este mensaje sea comprendido en su totalidad por la población. Llegará así el día en que lo que realmente muera se la pregunta sobre ¿algún muerto más, algún contagio nuevo?