Décimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario

ectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor

COMENTARIO

El Evangelio de este Décimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario, nos muestra la total gratuidad en la salvación del Señor y la garantía de que su salvación es para todos y no sólo para los poderosos, sino de manera especial a los que más sufren y padecen.

Los sabios y entendidos, son las clases privilegiadas de la casa de Israel, los expertos en materia religiosa, muchas veces los más fuertes, aquellos que se creen perfectos por tener altos cargos o más reconocimiento temporal, no quieren aceptar en una misma comunión de vida y de destino a los pobres, a los marginados, a todos aquellos a los que la ley judía posterga.

No nos engañemos, igual sucede ahora, muchos, por tener altos cargos, creen ser mejores y tener la razón en todo y de alguna manera desprecian la fe de la personas humildes y sencillas, que en realidad vive una fe autentica y no impostada o aparente.

Por lo general los “sabios y los entendidos”, tienen demasiado ocupado su corazón por ídolos de barro, tales como el poder por el poder, la soberbia y la egolatría.

Los sencillos de corazón, tienen un corazón transparente y sincero, viviendo una fe autentica y sosegada.

Hasta el próximo Domingo si Dios quiere. Paz y bien