Nuevo mazazo al medio ambiente en forma de mascarillas por los suelos

La imagen de mascarillas y guantes usados y tirados por los suelos resulta ya cotidiana. Tan sucio comportamiento encuentra muchos nombres, cerdos, marranos, cochinos… Ningún cambio podemos esperar de los mequetrefes de turno, que no han recibido la debida instrucción en casa para saber vivir en comunidad. Lo verdaderamente importante es insistir a las generaciones educadas en el respeto al medio ambiente, sobre que nada nos desvíe de reclamar respeto sagrado al planeta para que cese su permanente destrucción.

Antes del coronavirus, la crisis mundial que estábamos dilucidando era la del calentamiento global. Como con el Covid, las potencias no estaban de acuerdo en nada, y por eso la pandemia ha dejado ya claramente al descubierto que el mundo no se entiende, ni pone empeño alguno en ello. Incertidumbre es el término más preciso  a la hora de hablar de futuro, de ahí que lo más inteligente sea ver lo que sucederá a corto plazo, día a día, semana a semana, mes a mes, para no incurrir en un excesivo pesimismo, pero tampoco en el optimismo antropológico e iluso de Jean-Jaques Rouseau, ese que nos describe como buenas personas por naturaleza, aunque es la sociedad la que nos corrompe. ¡Ya!

En todo caso, la pedagogía rousseliana conecta con cuestiones que nos pasan de habitual, que nos buscamos, por eso de que nacemos libres, pero por todas partes estamos encadenados, que hoy es mejor explicar como que no aprenderemos nunca de nuestros errores. Incluso con la diferencia de culturas, costumbres, valores mermados y conflictos bélicos permanentes,  hemos alcanzado tal desarrollo, que un golpe como el coronavirus ha roto el esquema, sin saber si habrá un regreso a la normalidad que conocían los pueblos, salvo aquellos que han convivido siempre entre miseria, mierda y enfermedad, como es el caso del Cuerno de África.

Con el Covid-19 vamos a retroceder abruptamente en la economía, pero se nos ha presentado inesperadamente la oportunidad para comprender desde una corriente ante todo social que no debemos seguir así. Estoy de acuerdo con aquello que se propugnaba durante los días de cuarentena obligada, acerca de que la Tierra podía,  por fin, permitirse un respiro en las agresiones habituales por contaminación y devastación en cualquiera de su formas, que son multitud.

El Cambio Climático sigue ahí, no se va a ir, y a los problemas medioambientales del planeta se ha sumado un virus extendido por todas partes, que hay que terminar controlando, por la cuenta que nos trae. Con miles de muertos y contagiados, con una sanidad arrasada, con el bienestar torpedeado, debería ser escarmiento suficiente, pero no estamos hechos para reconocer errores ni pedir perdón. Los líderes actuales del mundo, mucho menos. Solo hay que constatar la actitud soberbia de países como Estados Unidos, China, Rusia, Inglaterra, Corea del Norte o Irán, y sus respectivos representantes políticos. La UE y sus miembros ya no son ejemplo tampoco en nada. La salida a la actual crisis sanitaria acarreará más diferencias, por lo que supondrá el acceso a la vacuna que se investiga (¿quién primero?), sobre lo que hay más noticias fabricadas que evidencias reales de avances científicos.

En la sala de espera del antídoto que llegue, no queda otra que convivir con la prevención que nos proporcionan mascarillas, guantes, caretas y una amalgama de desinfectantes químicos con poco sentido y mucho daño colateral. Es obligación de todos exigir un uso correcto de soluciones coyunturales (esperemos), para no causar más daño al ecosistema debido a este vertiginoso aumento de más residuos incontrolados. Las calles vuelven a albergar vida y bullicio, al tiempo que atravesamos aceras con mascarillas tiradas. El vamos a salir adelante debe contemplar la demanda ciudadana de hacer un uso y desecho correcto de este tipo de protecciones contra el virus asesino, dando por hecho de que los que nunca han cuidado su entorno van a seguir con las mismas cerdadas.

Todo lo que habíamos conseguido en la protección del medio ambiente va a sufrir un enorme paso atrás. Por eso los llamamientos a no contaminar deberían reforzarse e incluso ampliar su castigo penal. No podemos permitir que las generaciones que ya están educadas en la protección de la naturaleza  lo inunden todo de mascarillas y guantes usados. Aún no existe suficiente reacción social ni mediática a las nuevas imágines que ofrecen ciudades, pueblos y espacios de especial protección, ensuciados con las consecuencias del Covid-19. Puede que al principio del contagio masivo fuera pedir mucho al mismo tiempo que la pandemia truncaba miles de vidas. Pero ahora que no se habla de otra cosa que de la vuelta a la normalidad, debiera de aumentar la implicación de seguir con el cuidado del medio ambiente, la lucha contra el calentamiento del planeta, y la búsqueda de acuerdos que salvaguarden la vida en la tierra. Ha de ser la reivindicación y el activismo social el que imponga a las naciones un freno a la destrucción de los mares, las especies, y los entornos más frágiles, como es el caso del Amazonas. Que el Covid lo ha trastocado todo es evidente, pero no debemos renunciar jamás a proteger la naturaleza. Ha respirado tranquila mientras estábamos confinados en casa. Resulta inexplicable destruir lo que nos da todo sin pedir nada a cambio, pero en eso estamos desde el primer día en que poblamos este hermoso planeta, y nada hace presagiar que cambiaremos de actitud, de ahí l necesidad de la voz ciudadana.