Europa aprieta y sí ahoga

Lo que toca ahora en Europa, no por el Brexit y sí por el coronavirus,  es su propia reconstrucción. Empezamos mal si determinados países se dedican a ofender al sur con su típica charlatanería engañosa de cómo gastamos el dinero y que hay que investigarlo. El ministro de finanzas de Países Bajos ha sido bien replicado por el primer ministro portugués: “Re-pug-nan-te”.

Hice letras pero siempre he tenido inclinación por saber de la Física Cuántica. Dicho así es una memez, si atiendo como suelo hacer al refrán que dice que “El saber no ocupa lugar”. Por eso releo las esencias y explicaciones básicas de la mecánica cuántica y me topo, tan oportuno ahora, con que trata de explicar el misterioso mundo microscópico, “un universo donde lo pequeño sigue unas leyes y lo grande otras totalmente distintas”. De una u otra forma,  toda catástrofe o calamidad genera los consiguientes daños colaterales. Los del coranivirus se van a contar a millones, lo que sumamos las personas, pero luego están los agujeros negros que diría el siempre citable Stephen Hawking, quien me viene que ni pintado para a utilizar su teoría de los agujeros negros para describir a la actual Europa.

Un tal Jeroen Dijsselbloem, exministro holandés de Finanzas, soltó con motivo de la crisis económica, que hay países como España que “no pueden gastar todo su dinero en licor y mujeres y pedir luego ayuda”. Tan corto pensamiento no ha resultado casual. Wopke Hoekstra, su sucesor en los Países Bajos, remata la sandez y pide “investigar por qué algunos países no disponen de margen presupuestario para afrontar una nueva crisis, pese a que la zona euro lleva siete años de crecimiento ininterrumpido”.

Dijsselbloem y Hokstra están como para que el periodista Manuel Vicent les escriba uno de sus famosos daguerrotipos o perfiles personales. Mal le podría yo imitar recogiendo adjetivos calificativos sobre el rostro de tan pintorescos personajes, pero quiero ser directo para señalarles como políticos sin talla alguna, aunque generadores de euroescépticos. Su  labor no son las cuentas, qué va. Su finalidad auténtica parece estar en que un día salte por los aires la actual Unión Europea.

No es de extrañar, y le aplaudo como a los sanitarios, que el primer ministro de Portugal, António Costa, haya contestado a la insolidaridad de los representantes de Países Bajos silabeando una palabra: “Re-pug-nan-te”.

España ya pasó una crisis económica más dura de lo necesario, por las exigencias del Fondo Monetario Internacional, el que manda realmente, y la obediente Comisión Europea. Millones de españoles lo perdieron todo o casi todo y vuelta a empezar. ¿Qué pretenden ahora, en esta nueva crisis, más gorda aún? Es verdad que no estamos solos frente al norte, porque Francia e Italia son poderosas como fundadoras natas de lo que un día nació como la Comunidad Económica Europea. Pero semejante insolidaridad, y pronunciada además de manera tan despectiva, injusta y mentirosa, no se debería dar ni consentir. Vista la gestión sanitaria del Coronavirus por parte de la Unión, no espero mucho de las instituciones principales de ámbito europeo, que no han estado ni están a la altura de las circunstancias. Como europeo que vivo en Cantabria, España, es duro tener que reconocer algo semejante. La Unión Europea está tocada, pero no tanto por la marcha reciente de Reino Unido. Se resquebraja porque lleva tiempo siendo infiel a uno de sus principios fundamentales por lo que fue creada: la solidaridad. No cabe hablar de países de la UE insolidarios, si el mismo corazón del poder europeo, cobija apellidos como Dijsselbloem o Hoekstra.

La negociación para ver las ayudas a la reconstrucción de la Europa más golpeada por el Covid-19 ha empezado mal. Es verdad que España, Italia, incluso Francia, no se pueden permitir golpes encima de la mesa, porque manda don dinero, el que tiene Alemania. Con todo, no es lo peor. Lo fatídico es el futuro de Europa, tan unido como está ahora a un oscuro porvenir de millones de sus habitantes, que no van a perdonar el olvido, el abandono y lo que supone apretar y ahogar.