Evangelio y comentario – XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,5-19):

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.
Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Palabra del Señor

COMENTARIO

El Evangelio de este Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, nos habla de la destrucción del templo y de la segunda venida del Señor, para restaurar plenamente su reino de justicia, de amor y paz.

La destrucción del Templo, significa el fin de la antigua alianza entre Dios y el pueblo judío; sobre sus ruinas se va a construir un nuevo pueblo , al que tendrán acceso todas las naciones de la tierra.

Más que preguntarnos cuándo sucederá esto y que acontecimientos anunciaran el gran día del Señor, los creyentes debemos proclamar valientemente la fe, sin complejos y con confianza plena en el Señor; el Dios bueno, que viene a salvarnos.

Hasta el próximo Domingo si Dios quiere. Paz y bien.