Cumbres del poder para llevarse mal

La cumbre G7 de agosto de 2019 en Francia será una más de tantas cumbres en las que los poderosos se reúnen para no ponerse de acuerdo en nada. Y si lo hacen, luego no se cumple como pasa en lo relativo a países pobres o al Cambio Climático. Solo por eso, respaldo las contracumbres como manifestaciones que suponen no resignarse.

Doy por sentado que millones de personas repartidas por los cinco continentes desconocen lo que significa la sigla G7. Eso sí, más normal es que utilicen en sus vidas cantidad de productos fabricados en Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido. Esta es la lista de los países que conforman este exclusivo club denominado Grupo de los Siete (de ahí G7), con varias desgracias en común que, al parecer, trae consigo la abundancia. La primera es que ellos solitos representan el 64 por ciento de la riqueza global. Y la segunda, hoy en día bastante preocupante, es que se llevan a matar.

A esta conclusión de mal rollo entre las grandes potencias se llega por el hecho de que montes una cumbre, la de Biarritz, solo para pelearte, no ponerte de acuerdo en nada, y cabrear al resto del mundo, que no pinta nada en las decisiones que toman estos 7, pero que luego hay que seguirles, por designio de cómo está montada la política y la economía internacional. Un ejemplo: ya nos están metiendo miedo con otra recesión económica.

La actuación de nuestros estadistas es decepcionante. Nos basta con mirar hacia Trump, para comprobar cómo a diario un presidente se mete en todos los jardines posibles, pisa callos, ofende a diestro y siniestro, y ejerce de mandamás en estas cumbres de los más poderos que, lamento afirmarlo,  no sirvan para nada. Actualmente todo está patas arriba por el nacionalismo y proteccionismo de las superpotencias, que quieren todo o nada, y la consecuencia es muchas veces la política de tierra quemada, como permite el poder político-económico con el Amazonas.

Hay tantas cosas de las que hablar y tomar acuerdos y medidas, que resulta frustrante la organización de estos encuentros que valen millones de euros (36,4 este G7, en concreto), que se podrían destinar a causas más justificadas que hacerse una foto para la apariencia que no para la ilusión. El gran escritor argentino Ernesto Sabato decía que hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse. Por eso y por principios, entiendo que toda cumbre mundial tenga como respuesta una contracumbre, donde los manifestantes recuerden a nuestros mandatarios todo lo que está aún pendiente de solucionar dentro de lo que llaman su agenda política u hoja de ruta.

Este mismo año llegué a la conclusión de que los mayores no tenemos ningún derecho a exigir a los jóvenes que los cambios futuros a mejor lleguen de su mano. Eso es el egoísmo resultante de no hacer nada, ahora, frente a la pobreza en el Cuerno de África, de cruzarse de brazos frente a la inmovilidad interesada de los Trump, Putin, Merkel o Macron con respecto al Cambio Climático. ¿Cuántas cumbres, para nada, se han llevado a cabo sobre el Cambio Climático? No, no podemos ser tan rematadamente ingratos y apostar a que jóvenes lideres futuros carguen con los desastres que conllevará todo lo que hoy hacemos mal, empezando y acabando por el medio ambiente (¡¡¡9.000 incendios provocados en una semana en el Amazonas!!!, el pulmón del planeta).

En las contracumbres de las cumbres del G7 hay de todo y el tipo de manifestantes gustarán más a unos que a otros. En todo caso, siempre me guardo la imagen de padres con sus hijos, y la explicación que le dan al reportero que les pregunta el por qué de su presencia allí, en familia, a lo que contestan: “Tenemos la obligación de dejarles un mundo mejor”. El egoísmo, la avaricia, la corrupción, la riqueza mal distribuida, la pobreza permitida, no querer entender la migración que huye de guerras y miserias, el poder caciquil de espaldas a la ciudadanía, en definitiva… La agenda de un G7, al menos esta de Francia 2019, consigue todo lo contrario a lo que se propone, y, ante ello, no cabe resignarse jamás.