JÓVENES POR EL PLANETA

Tenían que ser los jóvenes los que empiecen a salir periódicamente a la calle en defensa de las brutalidades que cometemos con el planeta. Los mayores, caso de Donald Trump, estamos en negar la mayor, y creer que la Tierra (¡que nombre tan hermoso!) lo aguanta todo. Ni mucho menos. Todos estamos en serio riesgo, pero las grandes superpotencias, con Estados Unidos, Rusia, China y Japón a la cabeza, no se quieren dar por enteradas, salvo cuando organizan estos encuentros del clima que posteriormente no sirven de mucho.

Entre las mejores virtudes que tiene Europa está la de salvaguardar el medio ambiente. Nuestras bellas regiones son el ejemplo más claro, aunque nada ni nadie escapa a las consecuencias de la gran contaminación, desde mares a montañas, y en medio quedan los habitantes de pueblos y ciudades. Precisamente los mares y toda la riqueza que albergan es ya motivo suficiente para cambios drásticos, porque los plásticos ocuparán pronto grandes superficies de lo que debería ser simplemente agua salada.

Sí, los jóvenes han cogido el testigo de lo que no hacen sus mayores con mando en plaza, ni tampoco las grandes instituciones que se crearon en su día para salvaguardar el planeta lo más posible.

Queda al tiempo demostrado que la escuela es la mejor plataforma para liderar la limpieza del mundo, porque los jóvenes que protestan contra el maltrato ecológico se toman el problema muy en serio. Sus reivindicaciones y pancartas son meridianamente claras. No se hace nada convincente para sanear el entorno donde vivimos. Y aquí llegan, como aire fresco, nunca mejor dicho, estos “Viernes por el futuro”, que sacan a los alumnos de las aulas para movilizarse frente a Gobiernos y ayuntamientos, que deben tomar buena nota de esta arrolladora corriente juvenil que aboga (de verdad) por un planeta protegido de nosotros mismos.

Veo que si alguien puede cambiar esta espiral de ensuciarlo todo con residuos, ese alguien son los adolescentes. Es tiempo ya de acciones mundiales concretas, porque absolutamente todo el ecosistema está en peligro de muerte. Quienes no reconocen el Cambio Climático son libres de pensar lo que quieran, pero como todo hay que decirlo, muchas veces son los intereses industriales y comerciales los que ponen freno a las decisiones, sí o sí, que hay que adoptar con rapidez.