MEJOR, ¡VIAJADOS!

Algunas ciudades españolas son un reflejo de costumbres locales, pero que han sabido al tiempo incorporarse con rapidez a las exigencias de una Europa en constante crecimiento, sin fronteras, y con una movilidad total para vivir y viajar entre sus capitales. Lo expreso con esta convicción porque lo contrario de no hacerlo así es el aislamiento y el retroceso. Saber imitar genera la contraprestación de incrementar desarrollo y poder crear nuevas oportunidades de trabajo. Una cosa es que nuestros jóvenes estén preparados y otra bien distinta que estén viajados y utilicen los diferentes idiomas del mundo para moverse por él.

 

 

Hace demasiados años que debatimos sobre una sociedad bilingüe, pero los resultados no se ven aún, ni se verán tampoco a medio plazo. Hay que trabajar con la educación y amoldarla por aquí. No es posible que nuestros jóvenes salgan de las aulas sin retórica, sin argumentación, sin saber expresarse de palabra o por escrito, y, por si fuera poco, no tengan el hábito de moverse y viajar. Vivimos de las frases hechas que luego no se ponen en práctica. ¿De qué sirve aconsejar que se viaje, se vea, se imite lo bueno y, más tarde, lo sepamos hacer igual aquí? Sin esta movilidad para el conocimiento empresarial es imposible edificar una sociedad que aproveche mejor las innovaciones arquitectónicas, culturales o tecnológicas del momento.

 

El buen concepto de lo nuestro no es bastante para generar riqueza. Recuerdo un ejemplo: el Museo Guggenheim se ofreció primeramente a Santander. Hubo entonces opiniones que lo vieron como un proyecto demasiado gigantesco como para poder afrontarlo. El paso del tiempo ha demostrado lo que esta infraestructura cultural supone, cada día, internacionalmente, para Bilbao. La comparación solo es una burda excusa si no somos capaces de incorporar nuevas ideas a nuestro desarrollo. Puede que esté todo inventado ya, pero vivir aislados del exterior es como que alguien que no se entera empiece a leer El Quijote de Cervantes y luego vaya contando por ahí que ha descubierto un libro genial. Para hacerse ilusiones, primero hay que crearlas.