PERDIDA

CALIFICACIÓN: 7.5

(EL MATRIMONIO COMO SIMULACIÓN)

Apasionante, brillante e inteligente película de David Fincher, mucho más compleja de lo que parece, que adaptando la novela de Gillian Flynn logra un excelente film sobre la manipulación, los secretos de un matrimonio, lo fácil que es juzgar a las personas desde la fachada y lo difícil que es conocerlas de verdad y una obra sobre los más retorcidos laberintos de la mente humana

El film se abre y se cierra con la misma imagen de la cabeza de la mujer que interpreta Rosamund Pike acariciada por su marido al que da vida Ben Affleck,  incidiendo en esa idea de indagar en lo más oscuro y terrible del cerebro humano. Así, el film durante dos horas y veinticinco minutos nos mantiene siempre atentos, interesados y pegados a la pantalla. Mientras despliega su enrevesada, sugerente y deslumbrante narración nos hace pensar y desprende todo tipo de temas y posibilidades.

Perdida está más cerca de la sobriedad, el rigor visual y la minuciosidad de información y datos de films del director como Zodiac o La red social que no del virtuosismo visual y juegos o sorpresas de guión de El club de la lucha, Seven o La habitación del pánico .

David Fincher filma con una personalidad, sencillez y transparencia asombrosas una historia retorcida, complejísima y llena de lecturas y recovecos. Es como si fuera una película de Alfred Hichckock pero sin sus alardes y trucos visuales. No hay en Perdida ninguna secuencia o imagen memorable ni que destaque más sobre las otras y es que Fincher ha decidido rodar el film con un dominio y un estilo visual clásico y naturalista.

Además Perdida es toda una lección de cómo pasar de un género a otro, de un tono a otro, sin que apenas se note. Es todo un ejemplo de cómo fundir y trenzar géneros, estados de ánimo o puntos de vista. Del personaje del marido al de la mujer desaparecida, del melodrama al thriller de investigación, del drama al cinismo o del suspense a la sátira.

Perdida es un film del que conviene no contar mucho de su trama tan retorcida y cambiante como los protagonistas y el interior del ser humano. Un hombre llama a la policía porque su mujer ha desaparecido misteriosamente la mañana de su quinto aniversario. Es solo el principio de una película que ira transformándose y cambiando como las identidades del matrimonio protagonista y como la imagen que tenemos de ellos. Un film lleno de recovecos y giros que obedecen más al interior del ser humano y a sus debilidades y deseos más ocultos que no a buscar epatar o sorprender gratuitamente al espectador.

Así, Perdida se erige en una despiadada y perversa sátira del matrimonio, un retorcido retrato de la condición humana y del mal que anida dentro del ser humano y en la sociedad que lo envuelve. Es también una impresionante radiografía de una mujer, de una nueva femme fatale. Y es una espléndida disección de la mentira y falsedad que envuelve todo y a todos, de lo que hay escondido bajo las apariencias, bajo la figura del buen marido, la buena mujer o el buen vecino.

Y es aquí donde está el tema central del film; la multitud de identidades que podemos llegar a adoptar y reflejar, lo fácil que es juzgar al mundo y a las personas desde la fachada desde fuera, pero, en realidad, lo difícil que es llegar a conocer de verdad a las personas, la imposibilidad de conocer la verdad de la gente y de los hechos.

Tras una hora y poco de narración interesantísima y apasionante llega un momento hacia la mitad que se desvela algo importante de la trama como si fuera la resolución final, pero la película, lejos de perder interés o decaer, después continua resultando fascinante y revelando sus verdaderos temas y razón de ser, así como que estamos ante un film de personajes y que su director David Fincher tiene un gran talento, dando una lección de cine.

Y es que Perdida es una magnífica película en la que no importa tanto quien es el supuesto asesino, la desaparición o los giros sorprendentes de guión sino la podredumbre moral de la sociedad norteamericana que rodea a ese matrimonio, la opinión pública, los vecinos, los familiares y la manipulación de los medios de comunicación, el mal que se oculta en los lugares cotidianos y los terribles, inquietantes y aterradores mecanismos que mueven la mente humana representados en esa mujer y ese marido; en ese apasionante, brillante e inteligente juego de simulaciones, identidades, transformaciones que adoptamos ante el otro y percepciones que tenemos de los demás y de nosotros mismos.