DIVERGENTE

CALIFICACIÓN: 4.5      

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Distopía distraída pero de fórmula 

Divergente es una fabulilla para niñas adolescentes que se creen especiales y buscan su lugar en un mundo distópico que las obliga a elegir su rol social. Y todo aderezado con una predecible historia de amor y una superficial y desaprovechada alegoría social. Saga literaria llevada al cine y rutinario relato de iniciación y aprendizaje que pierde mucho tiempo en el adiestramiento de la protagonista y desarrollo del relato de amor, desembocando en un final precipitado y previsible. No aburre pero lo mejor está en la sólida y prometedor interpretación de Shailene Woodley.

Estamos ante la enésima saga literaria que es llevada al cine, en este caso la escrita por Verónica Roth, y ante un nuevo relato de iniciación, autodescubrimiento y aprendizaje que no aporta nada nuevo; más pendiente de la taquilla y de seguir los pasos de otras sagas convertidas en cine que de profundizar en los dilemas y conflictos. Y es que Divergente es cine de formula que plantea temas y preguntas pero no aprovecha su potencial con un mensaje y rumbo algo confuso y desorientado.

Divergente sigue el estilo de sagas como La huésped, Crepúsculo pero, sobre todo, Los juegos del hambre. Es un film que se deja ver, no molesta pero tampoco apasiona ni entusiasma con una evidente falta de riesgo y novedad. Es menos aburrida que La huésped y menos cursi y estática que Crepúsculo pero menos interesante, coherente y profunda que la segunda de Los juegos del hambre.

El film sigue una típica y férrea estructura narrativa en la que vamos de la mano de la joven protagonista siguiendo su iniciación y aprendizaje. Desde la presentación de esa sociedad que tras una guerra ha sido refundada en un Chicago de rascacielos derruidos y rodeado de un muro que los aísla. Una sociedad dividida en cinco facciones; abnegación, osadía, verdad, cordialidad y erudición, que, en una ceremonia, obliga a elegir a los jóvenes entre ellas. Pero la protagonista descubre que no encaja en una sola sino en varias, convirtiéndola en una divergente que no se puede catalogar ni controlar por lo que decide ocultarse en la facción de osadía.

La película pierde demasiado tiempo en el adiestramiento de la joven en Osadia, que se pretende brutal e intenso y es bastante tópico, y en el desarrollo de la historia de amor con uno de sus instructores, bastante evidente y meliflua, para desembocar en un final precipitado y muy previsible.

Todo está filmado y narrado con tanta corrección y energía como falta de originalidad y talento por Neil Burger. Y la metáfora y reflexión sobre las organizaciones sociales, el rechazo al diferente y la lucha entre libertad y sentimientos contra deshumanización y control está poco desarrollada.

Configurando así, el inicio de una saga que no aporta gran cosa y podría haber dado más de sí, pero que por lo menos plantea ciertas cuestiones y no aburre mucho.