SEMANA SANTA, MISTERIO DE AMOR

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Domingo Ramos Obispo

“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que
cree en él tenga vida eterna” (Jn 3, 16). La raíz última del misterio de la Redención,
que conmemoramos en la Semana Santa, es el amor de Dios. La cruz es el corazón de la
Semana Santa y la cruz es misterio de amor.

El Hijo de Dios se entrega en manos del Padre por nuestro amor y en nuestro
lugar: para reconciliarnos con Dios, recibiendo en sí mismo el dolor y la maldición del
pecado. Por eso podemos exclamar con la Liturgia, en el pregón pascual: “¡Qué
asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para salvar al esclavo entregaste al Hijo!”.

En la cruz levantada sobre el Calvario se manifiesta el corazón eterno de Dios,
ya que el Padre en su Hijo Jesús “nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de
propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10). Por eso comprendemos que la
historia verdadera está dominada por Cristo, no con las armas del miedo, sino con el
signo del amor: “Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn
12, 32). Cristo reina desde el madero de la cruz por amor.

La Semana Santa no termina en el Calvario, sino que tiene su plenitud en la
mañana radiante de la Pascua de Resurrección, cuando Cristo, rotas las cadenas de la
muerte, asciende victorioso del abismo. El momento culminante de la Semana Santa es
la Vigilia Pascual, en que nos unimos al Aleluya exultante de la Iglesia, que celebra la
Resurrección del Señor, la verdad central de nuestra fe y el fundamento más firme de
nuestra esperanza.

En estos días sagrados de la Semana Grande del año litúrgico entremos en los
sentimientos profundos del amor de Cristo, a través de las celebraciones de la Liturgia
de la Iglesia en las iglesias y templos. Acompañemos también al Señor con fervor de
penitencia y amor en las procesiones y actos de piedad por las calles y plazas, que
organiza la Junta General de Cofradías Penitenciales de nuestra ciudad de Santander, a
la que le expresamos nuestra sincera gratitud.

Ojalá que Cristo que resucita para la Iglesia y para el mundo en la Pascua
florida, resucite sobre todo en nuestros corazones y en nuestras vidas. Solamente así
será una celebración cristiana desde la fe y experimentaremos la verdadera alegría de la
Pascua. ¡Feliz Semana Santa y Pascua de Resurrección!

Con mi afecto y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora
Obispo de Santander