La creatividad apeada del escenario

Suspender un concierto de una estrella española del trap, C. Tangana, bajo la acusación de que sus letras son machistas, no habla bien de un país democrático, porque el hecho tufa a censura. Así se lo han tomado los artistas, indignados con muchas de las cosas que están pasando en torno a sus creaciones y la actual libertad de expresión, en situación tan frágil.

Con lo reposado que me considero a la hora de pensar, para valorar mejor  muchas de las manipulaciones habituales a las que nos someten, en esta ocasión no he tardado ni cinco segundos en rechazar la medida tan desacertada del Ayuntamiento de Bilbao sobre cancelar la actuación del cantante C. Tangana, excusando la resolución en que las letras de sus canciones son machistas.

En España se está haciendo ya costumbre abrazar o desabrazar la libertad de expresión, según la conveniencia del qué y del quién. Por circunstancias de nuestra historia que vienen al caso pero que son muy largas como para relatar ahora, tenemos una sensibilidad muy especial con todo lo relacionado con la censura, y mucho me temo que últimamente la censura se ha colado en diversas cuestiones que están muy de actualidad en nuestro país. Desde luego, con censurar a Antón Álvarez Alfaro, nombre auténtico del cantante trap C. Tangana, a él se le hace un gran favor publicitario, pero un flaquísimo servicio al arte y a los artistas en general, que a la hora de crear no pueden estar a lo que la burocracia de cualquier tipo quiera dictar al respecto de su obra.

Dentro de esta polémica decisión surge en paralelo otro debate sobre el papel de Internet, las redes sociales o las iniciativas que se votan en determinadas webs, como ha sido el caso de la actuación en Bilbao de este cantante y la petición expresa de suspenderla en change.org (“Por sus letras machistas y patriarcales y despectivas para las mujeres no queremos que el ayuntamiento le contrate para la Aste Negusia”). Creo que es muy fuerte que suceda algo así dentro de un país de la Unión Europea. Hasta ahora, no he tenido nunca dudas sobre la mala baba de determinados trolls instalados en las redes, y sus afirmaciones machistas y sexistas sobre las mujeres dentro, sobre todo, de su actividad política y, en consecuencia, pública. Ni que decir que en cada caso polémico que se ha dado lo he rechazado, porque a estos personajes, por más tuits de seguidores que reciban, hay que ponerles en su sitio, que no es otro que el de los retrógrados.

15.000 firmas en una plataforma digital para evitar una actuación musical no son despreciables, y el Ayuntamiento de Bilbao es el primero que ha tomado nota del hecho. Pero creo que estamos confundiendo las cosas; pienso que nos hemos pasado de frenada; y opino que muchas veces nos metemos en veredas que no tienen mucho que ver con el problema auténtico que se debate. La libertad de expresión y la libertad de los seguidores de C. Tangana no han sido tenidas en cuenta para nada, de ahí que lo acontecido me parezca muy censurable porque precisamente tiene eso, un gran tufo a censura. Nuestros artistas están ya en guardia, y lo de Tangana no ha hecho otra cosa que unirles más, pensando ya como están en adoptar algún tipo de medida para que algo semejante no vuelva a ocurrir.

Para conseguirlo, sería muy deseable que dentro de la sociedad española, desde la política a la economía, desde el arte a la ciencia, desde el deporte a los medios de comunicación tuviéramos muy claro lo que es machismo, sexismo o expresiones artísticas despreciables contra las mujeres. Tampoco vendría mal que algunos recibieran una lección rápida de qué es el trap y su carácter desvergonzado. Otra cuestión que debemos hacernos mirar para desterrar es el sectarismo existente dentro de estos temas, con los que no cabe manipular y si adaptar la igualdad total a nuestro sistema de convivencia, empezando por lo que siempre digo y repito: la escuela, la educación, señoras y señores.