¿RESPONDE LA SANIDAD A LOS ENFERMOS MÁS URGENTES?

Hospitales saturados, urgencias colapsadas, listas de espera excesivamente abultadas para operarse… Esta es la realidad del sistema sanitario español, recordado estos días como uno de los mejores del mundo. Y no es verdad, al menos del todo. Porque se incide poco en que su gran potencial son los profesionales que lo integran, precisamente a quienes más se descuida y desoye.

Tenemos un sistema sanitario tan excepcional, para lo que hay por el mundo, que cada vez nos volvemos más exigentes, aunque nuestra urgencia médica sea un simple rasponazo que nos hemos hecho montando en bici. En España, los pacientes no tenemos sentido de lo que es prioritario atender en un hospital, pongamos por caso Valdecilla, y a las autoridades sanitarias nunca les ha interesado meter mano en tan peliagudo asunto, por la creencia de que las medidas van a ser impopulares para la ciudadanía y, de ahí, pudiera trasladarse ese malestar a los votos. Los que entonces pagan el pato son los trabajadores sanitarios, y lo expreso así para no solo contemplar a médicos y enfermeras, sino a la totalidad de las plantillas que se ocupan a diario de velar por la salud de los demás dentro de hospitales y ambulatorios.

A nuestros sanitarios se les exige la satisfacción total del paciente en un tiempo tan minutado, que cualquier mínima conversación con el enfermo rompe con todas las previsiones ideadas por los ejecutivos de la salud, muy alejados de las salas de espera, los box de atención médica y las consultas ambulatorias. Todos sabemos lo que son las enfermedades que dan auténtico canguis, de las que nadie somos inmunes, ante los muchos casos de los que nos hacemos eco por padecerlas familiares, amigos o conocidos. Cabria pensar que son estos los enfermos que tienen prioridad a la hora de recibir asistencia y someterse a pruebas que requieren máxima urgencia, pero cuando un sistema sanitario, como es nuestro caso, está desbordado, llegar a esta  conclusión no es creíble.

Como en el caso de Valdecilla, con decir que tenemos un gran hospital, parece que ya basta y todo lo demás sobra. Aunque el hospital es el continente y sus trabajadores, que es lo que realmente deberíamos resaltar, es el auténtico contenido que vale la pena cuidar y preservar. Exagerar en demasía lo bueno que tenemos, muchas veces, como Valdecilla, esconde una realidad muy diferente, que sus trabajadores han reiterado hasta la saciedad,  pero aquí lo que interesa es que la maquinaria del gran nombre de prestigio siga adelante, pero sin dar solución a los muchos problemas que se acumulan hasta que un día sea ya demasiado tarde para ponerles remedio. ¿Quién tiene la culpa de que un enfermo de diagnóstico grave tenga al tiempo que someterse a una espera larga de atención, con lo que supone de añadir más angustia a la angustia? Los profesionales del sistema sanitario están al límite de sus posibilidades, y por lo tanto no cabe mirar hacia ellos cuando hay quejas por dichas esperas.

Cabría esperar (por soñar que no quede) que los pacientes adquiramos de verdad un sentido de lo que es y lo que no es urgente, porque cuando echamos mano de las asistencias sanitarias para cuestiones insignificantes que abochorna enumerar, lo que hacemos es perjudicar otros casos que realmente requieren de una rapidísima intervención. Parecía que hubiéramos hecho un buen trabajo en este sentido con las nuevas generaciones, pero no es así.

Respecto a las noticias sanitarias, sobre todo si son malas, nos limitamos a contarlas pero no a seguirlas como es debido hasta comprobar que se han solucionado. Por ejemplo, las agresiones a médicos y enfermeras, ¿aumentan, disminuyen, se han erradicado? Lo mejor de nuestro sistema sanitario son los encargados de prestar sus servicios dentro del mismo. Y dan la sensación de estar bastante cansados, porque nadie les escucha sobre medidas que se podrían adoptar, de cara a evitar las saturaciones y las largas esperas de atención, ante todo cuando se trata de enfermos de diagnóstico grave. Son precisamente estos casos los que mejor pueden contestar a la pregunta de si se sienten bien atendidos en sus complicadas dolencias. Según se trate de una enfermedad u otra, me temo que habría respuestas para todo; aunque lo que debe tener muy presente un paciente es que cuando le dan cita para operarse dentro de un año, los profesionales de la sanidad no tienen la culpa de que este sistema sanitario universal, tan exageradamente ponderado, esté hace ya tiempo sobrepasado del todo.