CINCO AÑOS SIN GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Una cosa es defender a la juventud, y otra muy diferente que, por una falta abrumadora de lectura, desconozcan la existencia de personajes claves para lo que es y representa nuestra cultura.

Se cumplen ahora cinco años de la muerte de Gabriel García Márquez, y pudiera darse dentro de una clase que algún alumno desconociera la figura de este gran escritor, por la falta de exigencia dentro del sistema educativo acerca de que el auténtico aprendizaje, ahora y siempre, se consigue leyendo.

Muchos de los zoquetes que afloran en las redes sociales son prueba indiscutible de que, cuando no hay de base una formación adecuada, no podemos exigir sensatez ante hechos que acontecen y que son valorados desde el disparate. La obra maestra de García Márquez es Cien años de soledad. Al escritor y periodista se le echa de menos porque siempre aportaba sensatez a todo lo que pasaba en el mundo, algo que en los tiempos que corren es mucho decir.

Como antes, los grandes personajes y las obras maestras no abundan ahora. “Gabo”, como cariñosamente le llamaban sus amigos, conoció Internet y los cambios profundos que empezaban a producirse en la profesión de ser periodista. Dudo sin embargo que llegara a imaginar cómo la comunicación prioritaria de los poderosos se iba a llevar a cabo mediante Twitter o Instagram, abocando a la extinción a las ruedas de prensa con preguntas e incluso a los tradicionales comunicados de prensa que deben ser fieles a explicaciones, concisas y detalladas. Mucho de lo que ocurre y nos disgusta tiene que ver con esta moderna manera de contar las cosas. La propaganda, las verdades a medias o directamente las mentiras, se han hecho fuertes con la excusa de que las tecnologías, como el Whatsapp, requieren de poquitas palabras. Todo lo contrario a como se escribe un gran libro, de los que marcan, como me sucedió, y es el caso de Cien años de soledad.

Como estado de aislamiento en el cual el individuo se encuentra solo, la soledad daría para escribir cientos de libros sobre el periodo actual que vivimos. Aún está reciente una dramática crisis económica, buena para los que más tenían y mala para los desheredados de la tierra. Solo con recordar este episodio, me doy cuenta de la gran influencia que ha tenido en mí la lectura de los libros de “Gabo”. ¡Lastima que los más jóvenes se puedan perder algo así!