Cómo nos cuentan los sucesos

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El rescate de Julen, el niño del pozo de Totalán, ha vuelto a demostrar la gran inclinación que hay en nuestro país, y fuera también, hacia el denominado periodismo de sucesos.

Mucho ha cambiado (para mal) este periodismo, desde que en España naciera el periódico “El Caso”, allá por 1952, hasta su desaparición en 1987. Era conocido popularmente como “el periódico de las porteras”, descripción totalmente equiparable a lo que pasa actualmente con el  “Sálvame” televisivo.

Los sucesos de hoy tienen enfrente tres males colaterales con los que hay que lidiar cada vez que se produce un nuevo drama social. Está el amarillismo. Caen en él casi todos los medios, en busca de lectores y audiencias. Hay también un gran sensacionalismo. Está bastante establecido en la forma de informar sobre sucesos que tienen, por ejemplo, las televisiones, sin olvidar las mesas de tertulianos que crecen como las setas, y hablan de todo sin tener idea de casi nada. Acabo con las redes sociales, que se las traen en materia de opinar sobre desgracias. Tanto descerebrado dentro de Twitter (les denomino así por las barbaridades que escriben) va a acarrear que, más temprano que tarde, nos van a imponer reglas para opinar sin atentar contra la imagen y el honor de nadie.

Convencido estoy de que muchos de estos tuiteros que han escrito burradas sobre Julen, sus padres, el pocero o el dueño del terreno donde estaba el agujero por el que se coló el niño, no han leído lo que dice el artículo 20 de la Constitución Española al respecto de la libertad de expresión. Pasa lo mismo con los independentistas catalanes, y esa particular visión que demuestran tener sobre el embudo ancho para ellos y estrecho para los demás.

Este país se está volviendo muy intransigente. Se percibe de lleno cuando todo el mundo se cree con derecho a opinar, sin conocer antes todos los hechos acaecidos. Cuando se produce una noticia, por terrible que me parezca al instante, jamás comentó nada en las redes, porque prefiero esperar a cómo se desarrollan los acontecimientos. Con la información de sucesos debería ocurrir lo mismo, aunque creo que, hoy por hoy, es una batalla perdida. Los medios, especialmente las televisiones, están ofreciendo, ni más ni menos, que lo que el público quiere ver y escuchar. Luego nos rasgamos las vestiduras y hablamos de vergüenza ajena. ¡Hipócritas!