Nos quedamos sin bares

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Que no les alarme el titular. A fecha de publicación de este artículo, aún quedan en España 184.430 bares. Lo que sucede es que la crisis económica ha asestado un golpe mortal al sector hostelero, de tal manera que, desde 2010 a hoy, han cerrado 18.269 locales. Son datos de la Federación Española de Hostelería que, a la crisis, suma también como factores negativos que los pueblos se quedan sin  jóvenes y que se está produciendo un envejecimiento de la población que se nota mucho en sus negocios.

Lo reconozcan o no, la crisis ha traído consigo un cambio de costumbres en el uso y disfrute de los bares, que se hace más palpable entre la juventud, que prefieren estar y beber en la calle a meterse en locales, donde a lo mejor no les llega para las consumiciones que desean.

Otra cuestión son los sueldos. Con los sueldos que se ganan ahora en España no da como para tirar cohetes. Sale de casa quien puede, y mejor te reservas para el vermú de fin de semana. Aunque es muy visible en nuestros bares que se ha producido un cambio de costumbres, y que hay un antes y un después a la última gran crisis económica, que tantos negocios y trabajos se ha cargado. Lo de los bares que se cierran choca también con esa afirmación de que España es un país de camareros, ya que la mayoría de nuevos empleos que se ofrecen se dan dentro del sector hostelero. También hay que hablar del nuevo urbanismo en las ciudades, con aceras muy anchas, estrechamente relacionadas con las nuevas terrazas al público que inmediatamente después los locales ponen a disposición de los viandantes.

Pero si los bares se van quedando sin su público de toda la vida, el futuro es cuanto menos dudoso. En estos últimos años ha sorprendido también el cierre o cambio de modelo de negocio de muchas cafeterías, que pasaron del lleno al vacío casi sin darse cuenta. El desayuno, el tente en pie de media mañana y el blanco, la cerveza o el vino de mediodía ya no son costumbre popular segura a llevar a cabo con la máxima regularidad posible. La Federación de Hostelería puede opinar lo que quiera sobre el descenso en los bares nacionales. Se cierran porque no hay clientes, y no hay clientes porque la clase media española se ha ido al garete, incluida la afición que tenía a alternar después del trabajo o comer fuera de casa de cuando en cuando. Ahora la cartera, y los escasos billetes que contiene, manda.