INTERNET Y EL COMERCIO DE TODA LA VIDA

El comercio minoritario, el que conocemos como el comercio de toda la vida, pone cada vez más el grito en el cielo por el descenso en sus ventas y ganancias, a favor de todos los pedidos que se hacen vía Internet.

Resulta una evidencia innegable: es superfácil encontrar de todo en las miles de webs existentes, los precios son competitivos, los pagos seguros, y, por si fuera poco, te lo mandan gratis a casa. Así están pinados los bolos, y el pequeño comercio le tiene que echar imaginación, pero ante todo ofrecer buenos productos a precios que sean del fiel interés de los consumidores. No se me ocurre mejor argumento, porque es el que vale, y además el comercio minoritario, tal y como marcha el discurrir de las ciudades, se ve rodeado de inconvenientes que alejan a los viandantes de sus tiendas.

La dificultad de aparcar, ya da igual coches que motos, y con parkings con tarifas abusivas, sigue siendo a mi entender uno de los grandes escollos. La respuesta oficial a este hecho es que hay que ir a comprar andando o, al menos, coger el transporte público. Miren ustedes: el coche propio sigue siendo una opción libre, aunque por más que me rasque la frente no alcanzo a entender que  adquirir un vehículo nuevo sigua siendo en España el mejor indicativo de que la economía va bien, y en cambio se ataca tenerlo, por tierra, mar y aire.

Llegamos así al meollo de la cuestión, que no gusta escuchar, de que comprar en depende que ciudades se ha vuelto muy incómodo. Y aquí entran las grandes superficies y, sobre todo, Internet, donde lo mismo compras la ropa, los zapatos, los perfumes que la bisutería. Particularmente, cuando adquiero algo a través de la Red, lo hago en razón de encontrar realmente lo que busco, estar seguro de su calidad, que me convenza el precio y la forma de pago, y que la entrega esté dentro de un plazo razonable. He de decir que son principalmente las marcas que fabrican de todo, y que a su vez son proveedoras de productos al comercio, las que demuestran haberse puesto las pilas de manera notoria.

Hasta los grandes hipermercados, a los que preferimos acudir en persona, están invirtiendo una buena parte de sus beneficios en tener una importante presencia en Internet. Me inclino porque el escenario presente y futuro no será otro que el de la convivencia entre el comercio convencional y el internauta, como sucede con quienes prefieren leer los periódicos en papel a hacerlo en la pantalla del ordenador. Eso si, la calidad, a buen precio, siempre es la que triunfa.