NOS ESTAMOS CARGANDO EL TURISMO

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España ha comenzado a decrecer en materia de turismo, y solo hay que ver lo que pasa en Cataluña y Baleares para que salten toas las alarmas de que vamos a peor. El siguiente dato es esclarecedor: entre julio y agosto, España ha perdido 755.000 turistas. Cuestión aparte es que los empresarios turísticos catalanes deban a su Govern y a las trifulcas constantes de los independentistas en las calles y plazas públicas una pérdida del 38 % de visitantes nacionales. Es decir, claramente, se están cargando el turismo.

Con el dinero que nos dejan anualmente los turistas no se puede jugar, porque este país no cuenta con alternativas que suplan estos ingentes ingresos, que son los que sujetan principalmente las cada vez más escuálidas cuentas públicas que indican que gastamos más de lo que ingresamos. En este contexto, hay un nuevo turismo para el que prima la tranquilidad y seguridad, el patrimonio cultural y natural, y una gastronomía y servicios hoteleros que sepan combinar a la perfección el binomio calidad-precio. Lo digo totalmente convencido: en este nuevo escenario, Cantabria está ante una oportunidad de oro para convertirse en destino turístico privilegiado, ¡escuchen!, dentro de España pero también dentro del resto de Europa.

El pasado verano ha sido malo para Cantabria, por lo que debemos tener claros los errores cometidos, asumirlos y subsanarlos de cara al futuro. Lo primero es tener una mentalidad abierta hacia el turismo; de acogida total al mismo. Los visitantes tienen que sentirse a gusto, y comprobar que existen unas amplias posibilidades a la hora de hacer uso de todos los servicios que dan soporte a la actividad turística. Además de que las previsiones meteorológicas no atinan con Cantabria, desde dentro hay que saberlo vender mejor y hacerlo con la constancia y continuidad debidas.

Si otras comunidades se están cargando su turismo y con ello su riqueza, antes de que se beneficien otros países de nuestro entorno (el norte de África vuelve a recuperarse con fuerza por buenos precios), aún podemos aquí decir mucho al respecto, aunque no me salgo del guión de poner de ejemplo a Cantabria, elegida en este 2018 el segundo mejor destino europeo. No es fácil escalar posiciones dentro del turismo internacional, pero para ello hay que tener iniciativa, acogimiento, buenos hoteles y restaurantes y precios muy competitivos. Ojo a este último dato, que nos debe hacer recapacitar sobre el gravísimo error de querer cobrar, en cualquier parte, el mismo precio que tienen los grandes restaurantes, aunque sin ofrecer ni su carta, ni las inmejorables condiciones de sus locales y personal.