Evangelio y comentario – XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

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Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,31-37):

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón,
camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron
un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las
manos.
Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y
con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua
y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero,
cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en
el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los
sordos y hablar a los mudos.»

Palabra del Señor
COMENTARIO
EL Evangelio de este Vigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, nos
presenta la curación de un sordo y tartamudo.
El contexto evangélico rechaza la distinción judía entre hombres puros e
impuros.
En contra de lo que pensaban los fariseos, todos los hombres, sean
judíos o paganos, enfermos o sanos, pecadores o justos, tienen idénticos
derechos y obligaciones para con Dios.
La curación de Jesús condena la forma de actuar de los judíos, el
sentido de casta y privilegios de los fariseos.
El amor de los cristianos no se debe detener ante la malicia y la
mediocridad.
El que no ama, juzga y condena y pasa de largo se empobrece.