Es el momento de reinventar el Racing

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La última jornada de Liga en Segunda B no hizo sino confirmar la decepción que ya arrastrábamos los aficionados desde mucho antes de la dolorosa derrota sufrida hace una semana en Zubieta. Porque no es que no lo viéramos, sino que probablemente no lo queríamos ver, pero el equipo iba a la deriva y el naufragio final ha materializado el disgusto amargo, aunque de ningún modo la sorpresa.

Y sin embargo yo creo que el Racing está ante la gran oportunidad de su historia ante el momento crucial en el que puede tomar conciencia de sí mismo, levantarse y andar en busca de un destino que podría ser mucho más halagüeño de lo que parece.

Todo pasa por reinventarse, por decidir de una vez quiénes somos, a dónde queremos ir y qué camino vamos a elegir. Es ahora o nunca; es fijar un rumbo o morir de mediocridad; es crear un proyecto y perseguir un sueño o permanecer hundidos en el olvido.

Sinceramente no creo que sea algo trascendental el modelo que finalmente elijamos, lo importante es elegir y después creer; hay muchos modelos de éxito y no están demasiado lejos: Eibar, Getafe, Villarreal, Leganés,… Solo hay que adoptar uno y morir con él.

Eso sí, una vez que elijamos el modelo, no podemos volvernos atrás ante las primeras dificultades, ante las derrotas, incluso ante los fracasos. Suena muy bonito decir: adoptemos un modelo de cantera, para después renegar cuando se pierdan tres o cuatro partidos. Insisto, no importa el modelo, lo que importa es que nos identifiquemos con él y no temblemos ante la adversidad.

Lo que les he propuesto aquí no es ningún sueño, ni una catarata de palabras vacías. Lo puedo demostrar con un caso excepcional: la selección española. Los más jóvenes no pueden recordarlo, pero durante años y años La  Roja era una máquina de fabricar disgustos muy parecida a nuestro Racing. Escondidos detrás de la excusa de la furia española recorríamos las competiciones internacionales como valles de lágrimas. Hasta Menotti dijo una vez que España debería decidir si quería ser el toro o el torero.

Y hubo alguien que lo decidió, el viejo Luis Aragonés, al que recuerdo con cariño pese a que en cierta ocasión me echó la bronca más gorda que he recibido jamás como periodista. Luis decidió que necesitábamos un modelo y lo adoptó: el tiki-taka. Y las cosas fueron fatal. Ahora no nos acordamos, pero cuando empezamos a jugar con los bajitos, Xavi, Iniesta, Torres y compañía no daban una. Habíamos dejado de ser toros, porque ya no había furia, pero tampoco éramos toreros, o quizá sí, pero recibíamos cornadas en todas las plazas. Y sin embargo Luis creyó, se jugó su propio prestigio personal y siguió por el mismo camino. Incluso nos vimos obligados a jugar una humillante repesca de la que sobrevivimos ganando un agónico partido que todos hemos olvidado ya.

El resto de la historia es de sobra conocido. Un título mundial, dos títulos europeos y lo que yo considero el mayor de los reconocimientos: el rencor del público brasileño cuando les arrebatamos el jogo bonito.

¿Hasta dónde puede llegar el Racing? Hasta donde nosotros queramos, siempre que tracemos un rumbo y lo sigamos sin temblar. Ahora que la supervivencia económica  está medio normalizada es el momento de decidir si queremos seguir como almas en pena durante el resto de la vida o renacer con una idea y un destino innegociables. Depende del racinguismo; de nadie más.

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