Primero no llueve, ahora no para

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El año pasado tomé la repentina decisión de no hablar nunca más del tiempo, por ser un tipo de conversación que terminó por aburrirme. Sigo fiel a la regla que me he impuesto, salvo por el hecho de que merece un comentario que en la actualidad no pare de llover. Me dispongo pues a introducirme en un laberinto opinable, como cuando estamos buenos y damos consejos a los enfermos. Y es que mucho nos veníamos quejando de la pertinaz sequía (así se denomina), cuando de un salto hemos pasado a otro periodo de tres meses seguidos en los que no para de caer agua, nieve y padecer mucho frío.

Hacía años que no se recordaba semejante alteración meteorológica, que ha aparcado esa opinión dicha tan a la ligera de que el norte de España se había convertido ya en el nuevo Mediterráneo español. Ya lo dice el refrán: Nunca llueve a gusto de todos, y a estas alturas cuesta digerir tanta agua. No hay duda de que el clima marca el carácter. Pasar de largos meses sin gota, a largos meses de lluvia sin parar, se hace difícil de asimilar.

El Cambio Climático es cada vez un hecho más perceptible para los ciudadanos, aunque sean precisamente las potencias industriales más contaminantes las que nieguen la mayor sobre un hecho que se acelera. Ni la sociedad política que conforman Estados y Gobiernos, ni tampoco la sociedad civil conformada por la opinión ciudadana, han tomado aún plena conciencia de que asistimos a cambios meteorológicos que merecen de una mayor atención y decisión a lo poco o nada que, hoy por hoy, se está haciendo.

¿A qué se deben tan largos periodos de sequía?; ¿por qué se dan veranos que parecen otoños?; ¿aunque sea invierno, es normal que caiga tanta lluvia o se den las grandes nevadas que estamos sufriendo? Mucho me temo que las respuestas a estas sesudas preguntas se escapan incluso a los más entendidos en la materia. El asunto del clima nos debería de preocupar siempre, porque es tanto como decir que la protección de la Tierra y todo lo que nos proporciona es sagrado. No es así, y he aquí que no controlemos el devenir de los acontecimientos futuros, porque solo estamos poniendo parches a la hora de frenar este Cambio Climático.

Si miramos a nuestro alrededor, el debate gira en torno a los mismos asuntos de siempre; somos incapaces de poner orden en un mundo que merecería de toda nuestra atención, en vez de la destrucción constante a la que le sometemos. En el castigo está la penitencia, que ahora consiste mayormente en que ni los meteorólogos pueden predecir a ciencia cierta cómo va a ser la próxima primavera, el verano y demás estaciones del año.

 

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