DIRIGIDOS POR LA MEDIOCRIDAD

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Vivimos en la mediocridad.

La pérdida de valores, está haciendo que la mayoría de los líderes, no digo todos, de cualquier faceta humana se desenvuelvan en la falta de sentido común y en la ética.

En casi todos los campos,  se llega a ocupar cargos de responsabilidad, como premio a la agresividad comercial, a la falta de respeto al semejante y a una mal entendida competitividad.

Uno se asusta, cuando conoce en carne y hueso a muchos responsables de diferentes ámbitos de la vida económica, empresarial, política, periodística y hasta religiosa.

En muchos casos, por supuesto no digo en todos, no han llegado a sus cargos por ser mejores personas, más trabajadoras y  con más valores y sentido común, como sería lo lógico.

Han llegado a puestos de responsabilidad por ser atrevidos, soberbios y aparentar liderazgo que realmente no tienen.

Sin embargo, les suele faltar el sentido común, la mesura y la prudencia y el respeto a los demás.

Se dice con frecuencia:” tal o cual  persona pisa fuerte”.

En realidad, en gran parte de los casos, repito, no digo en todos, esta expresión encierra en sí mismo, el que se está dispuesto a hacer cualquier cosa por medrar.

Por cuestión de mi trabajo, he conocido personas de mucha responsabilidad en diferentes campos y puedo decir que  estamos en una deriva de incompetencia muy grande en casi todos los órdenes de la vida muy pocos se salvan.

Tenemos miembros de importantes Consejos de Administración cargados de títulos, pero sin la mínima sensibilidad y sentido común;  políticos sin ideología incapaces de sacrificarse por los demás y llegar a acuerdos, periodistas que mienten para vender más ejemplares o ser más vistos y también en la Iglesia que no se salva de ello, especialistas en el “carrerísmo” sólo para mandar, no para servir.

Cerrar los ojos a esta realidad, es engañarse y no querer ver que vamos por mal camino.

Faltan, toneladas de sentido común y de sensatez en esta sociedad un tanto despiadada y materialista.

Necesitamos, que se premie el bien y se deteste el mal y visto lo visto, parece que vamos en la dirección equivocada, con repercusiones muy graves en todos los campos.