BLACK FRIDAY O BLACK FRAUDE

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El Black Friday español se parece al Black Friday norteamericano, lo que un elefante a una mosca. Por acá, poquito a poquito, van subiendo los descuentos para un día de ventas tan especial. Aunque nada tiene aún que ver con el 50% en adelante que ha hecho famosa a esta idea anglosajona del “viernes negro”, que viene a ser la traducción de un día pensado para vender mucho por el reclamo que es la orgía de precios en picado. Con lo dados que somos al choteo nacional (solo hay que ver gran creatividad por WhatsApp de los memes de Puigdemont), semejante camino lleva esta cita comercial del 24 de noviembre para quedarse con calificativo de Black Fraude. Sinceramente, este año esperaba mucho más.

 

Me había ilusionado en balde; eso de tener la tele de plasma a la mitad de precio; comprar la ropa que te gusta durante el resto del año pero que por su alto precio no puedes hacerlo; y también me he quedado sin un casco nuevo para la moto o, para no aparentar tanta adquisición en plan macho alfa, también una fotodepiladora láser para el bello corporal. Las marcas y negocios españoles se han gastado este año más dinero en la publicidad del viernes negro que nos han dado, que en atender realmente las necesidades de sus clientes, esperando como estabamos muchos a la cola de adquirir a mitad de precio un determinado producto.

 

Las tiendas de Internet tampoco han estado a la altura. Seleccionan demasiado lo que quieren rebajar, que no suelen coincidir con lo que demandamos los consumidores. Tampoco han llegado ni por asomo a la mitad de precio, igual que esos otros hipermercados que dicen rebajarte en bodega, pero luego te dan el descuento en un vale con corto periodo de caducidad, además de ponerte límite en la cantidad máxima que te restan por la compra del tinto, el clarete o blanco. Como sigan así, va a llegar un nuevo 24 de noviembre en que no me moleste ni en salir de casa para ir de compras. Y si me quedo todo el día en el sofá, lo mismo tampoco entro a Internet o las Redes Sociales, para no tenerme que mosquear con las falsas rebajas, los rácanos precios o las maulas que algunos quieren colocarte, y que no merecen siquiera el soporte del maniquí que expone prendas de diez temporadas atrás. Así, nunca dejaremos atrás el sambenito de que esto es España, para lo bueno y para lo malo.