PUIGDEMONT, A “SÁLVAME”

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Los productores de “Sálvame” (espero que nada tenga que ver Jaume Roures), no pueden perder un minuto más: tienen que fichar a Carles Puigdemont Casamajó (CPC), a la voz de ya. Da igual que sea el “Sálvame limón”, el “naranja”, o el “Sábado Deluxe”. El caso es que el expresidente de la Generalitat quede bajo la tutela mental y mediática de Jorge Javier Vázquez, el mejor posible para menesteres de entrevistas y conversaciones donde aparecen las paranoias de turno. Y es que como ensoñaciones hay que catalogar falta de libertad o existencia de presos políticos en España, lo diga la mismísima Ada Colau. La tele nacional, y si no vean TV3 en su cobertura permanente a los “indepes”, no tiene color frente a la BBC, el New York Times y el Wall Street Journal, que ya no creen nada de lo que diga CPC. También Guardiola y Lluis Llach llevan camino de quedarse más solos que la una. La Cataluña que pintan estos personajes es eso de la posverdad, ósea mentiras, porque finalmente la realidad es tozuda como la recién sabida de que el paro (por ellos) ha subido en octubre en Cataluña. Donde pisan Artur Mas, Puigdemont y sus acólitos no crece la hierba. Son igualmente los culpables de que estén en la cárcel sus exconsellers, a quienes el jefe en el Govern ha dejado tirados, para ponerse en manos de un abogado de Bruselas experto en defender a terroristas de ETA.

Hasta hace un par de semanas, han manejado el relato como nadie (esto del abogado de etarras es seguir hurgando en la herida); son muchos los catalanes que lo asumen a pies juntillas; pero en la vida es inaceptable aceptar la falta de lealtad personal de un dirigente político. A los delitos de rebelión, sedición y malversación de fondos por todo el lío que montó Don Carles con el “Procés”, los españoles deberíamos contratar bufete de abogados en común, y denunciarle también por su acoso al transcurso normal de nuestro día a día, y la angustia perpetrada en muchos ciudadanos durante tantos meses, semanas, días y sus noches correspondientes.

Pase lo que pase, contradigo a los muchos agoreros (especialmente radiofónicos) que solo hacen que describir Apocalipsis. La República Catalana nació muerta, y el futuro de Puigdemont Casamajó es oscuro, pendiente de que un magistrado escriba parte de su biografía personal y política en un auto judicial. Las elecciones del 21 de diciembre en Cataluña conllevarán un nuevo gobierno autonómico, pero ya nada será igual. Tocará entonces reconstruir sus principales instituciones de autogobierno, como el Govern y el Parlament, arrasados como han quedado por decisiones totalitarias tendentes a destruir una democracia ganada a pulso por los españoles y españolas. Solo por esto, veo justo el precio a pagar por Puigdemont, Junqueras, Forcadell, los “Jordis” y demás.

 

 

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