No me amenaces, no me amenaces

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De vuelta del verano y aunque han pasado ya algunos días desde los tristes sucesos de Barcelona, no puedo resistirme a comentar con ustedes un asunto que me ha llamado mucho la atención sobre ese tema.

Dejando en otro plano los atentados, que ya han traído consigo y aún traerán más ríos de dolorosa tinta, me ha dejado de piedra la valiente reacción de los españoles ante las amenazas proferidas contra nosotros desde las filas de los terroristas.

No es que tengamos o dejemos de tener miedo, que por supuesto que lo tenemos, se trata de la fortaleza moral que nos da cachondearnos ante el cuchillo, ante las bombas y ante los fanáticos. El caballerete con apodo taurino que se dirigió a las cámaras apuntándonos con el dedo y amenazando con volarnos a todos en pedazos claro que nos da miedo, porque sabemos que puede hacer lo que dice. Pero lo que realmente nos atemoriza es llegar a parecernos a él y convertirnos en individuos amorales, sin compasión ni respeto por nuestros semejantes, sin la claridad ni la inteligencia que te aporta el contacto con lo diferente, con lo que es distinto a ti.

Supongo que al Cordobés le habrá costado creer los más de mil tuits que se publicaron burlándose de sus amenazas, dando lugar a interminables hilos y conversaciones riéndonos de sus tonterías. Debería conocer este muchacho que aquí ya tenemos bastante con el estrés del trabajo, con el IBI, el IVA y los venías; con las huelgas en los aeropuertos cada vez que empiezan las vacaciones, con Montoro, con el jefe de los Mossos convocando una rueda de prensa para confirmar lo que había desmentido por la mañana, con los atascos de tráfico, con la Gurtel, con el Palma Arena, con los EREs de Andalucía, con la subida de precios y la congelación de los sueldos, con tantas cosas que soportamos todos los días que me faltarían megas para escribirlas aquí.

Por eso nada más nos faltaba ya que viniera a tocarnos la nariz este individuo -que sin el kalasnikov y el cinturón de bombas no tiene media bofetada- a amenazarnos por “cruzados”, por “judíos” y por no se cuantas bobadas más.

Así que esta vez -y sin que sirva de precedente- muchos españoles, entre la espada y la pared, hemos elegido la espada y nos hemos hartado de reir viendo al amenazante hijo de la Tomasa convertido en carne de meme.

Como decía aquella inolvidable ranchera del maestro José Alfredo Jiménez: “No me amenaces, no me amenaces, si ya fue tu destino olvidar mi cariño… pues agarra tu rumbo y vete”.

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