Francisco en Egipto, manos tendidas a la paz

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La visita  que el Papa Francisco gira a Egipto a lo largo de este fin de semana me ha parecido una muestra más de la valentía, la compasión y la determinación de un pontífice que, día a día, impresiona al mundo con sus gestos y ejemplos.

Conozco el país y siento un gran aprecio por su gente, humilde y trabajadora a una escala que a los europeos nos deja siempre asombrados. Es un pueblo dotado de una gran curiosidad, muy interesado por conocer los valores y la manera de vivir de las personas que les visitan, por mucho que un puñado de extremistas intenten radicalizarlos. Con aquellos con los que tuve oportunidad de hablar, entablé apasionantes conversaciones sobre nuestras diferencias, nuestras similitudes, el arte, la historia, la gastronomía, la política, la música, el deporte y, por supuesto, la religión. Nadie me trató con intolerancia, ni me faltó al respeto sino que les agradó mi interés por su cultura y me correspondieron preguntándome por la mía.

A pesar de que, a menudo, en occidente se habla de Egipto en términos extremistas en materia religiosa, lo cierto es que nada menos que un diez por ciento de la población -los coptos- son cristianos y profesan su fe en la Iglesia Católica copta, la Iglesia Ortodoxa o la Iglesia Evangélica. Los coptos son los custodios de una historia y una cultura milenaria, descendientes de los antiguos egipcios faraónicos y convertidos a un cristianismo que no han abandonado ni siquiera inmersos en la cultura islámica desde el año 639 de nuestra era.

Esa inquebrantable fe les ha colocado en el punto de mira de los más radicales y, lamentablemente, han tenido que padecer el odio de los más fanáticos en crueles atentados perpetrados, a menudo, en iglesias y otros lugares de culto, donde ni siquiera mujeres y niños han quedado al margen de estos sangrientos episodios.

Por ello cobra especial importancia la presencia de Francisco en Egipto, de manera que esta gente, sepa que no está sola y que su sufrimiento se comparte en lugares muy lejanos. Los coptos, que aún mantienen su antiguo idioma demótico en la liturgia, van a sentir muy cercano estos días la piedad del Santo Padre, con quien van a compartir unas horas inolvidables que reforzarán su fe

Pero también ha sido muy importante la positiva predisposición con la que las autoridades políticas y religiosas egipcias han recibido al pontífice, así como el debate que ha mantenido en la Universidad Al Azhar, la más antigua del Islam, donde cristianos y musulmanes han coincidido en que nadie debe justificar la violencia con el nombre de Dios.

Iniciativas como esta, que contribuyen a que los pueblos se conozcan más entre sí y abunden en sus puntos comunes por encima de sus discrepancias son la clave para que el mundo se aleje del camino de la violencia y las personas de bien puedan vivir lo más cerca de su auténtico anhelo: la paz.