EL PASEILLO COMO CAGANCHO EN ALMAGRO

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Durante toda mi vida de aficionado al mundo taurino que por cierto, ya son bastantes años, siempre escuché la frase “Quedar como Cagancho en Almagro”. Sí que entendía que quedar como Cagancho en Almagro era sinónimo de hacer las cosas verdaderamente mal y en público, y aunque es una expresión ya un poco en desuso, todavía hay gente que la conoce y la utiliza, y es un expresión peculiar desde el punto de vista histórico.

Destapando el baúl de los recuerdos, indagué lo que verdaderamente ocurrió ese señalado dia en el bonito y taurino pueblo de la provincia de Ciudad Real “Almagro”.

Joaquín Rodríguez apodado popularmente “Cagancho”, de raza gitana, nació en el barrio Sevillano de Triana tal día como el 17 de Febrero de 1903, fue uno de los más famosos toreros de su época. En los años veinte, los toros junto con el cabaret y el teatro eran prácticamente  las únicas diversiones de masas existentes, el fútbol no era ni mucho menos lo es ahora y el cine estaba en mantillas. Así debemos entender que este matador de toros era un gran líder de masas, con una capacidad de atracción reservada a muy poca gente.

Por eso cuando en Agosto de 1927 se anunció que en la corrida del día 26 torearía el maestro en Almagro, todo el mundo tuvo claro que se produciría una auténtica marea humana hacia ese pequeño pueblo de  Ciudad Real. La principal comunicación con Almagro en aquellos tiempos en que la red de carreteras estaba prácticamente inventándose, era por supuesto el ferrocarril, concretamente el venía de Ciudad Real, y aquel día llegó a la estación de Almagro con gente subida a los estribos, sentadas en los topes o agarrados en cualquier parte, el tren venía repleto de personas que habían pagado en Ciudad Real auténticas fortunas en la reventa para poder estar en aquella corrida. La plaza de Almagro era un lugar elástico, donde la gente se apretujaba mas o menos según viniera a torear, como aquella vez había tanta expectación se llenó hasta la bandera.

Una hora antes de comenzar el festejo, ya no cabía ni un alfiler, de las crónicas meteorológicas se desprende, que hacía un sol que derretía. Formaban terna con Cagancho, Antonio Márquez y Manuel del Pozo “Rayito”, dos toreros de menor calado. El primer germen de aquella mala tarde, de esas que según Chiquito de la Calzada tiene cualquiera, fueron precisamente aquellos largos minutos en los que el personal estuvo embotellado en la plaza codo con codo, pasando un calor tremendo y escuchando los rumores de los maldicientes, según los cuales, Cagancho no llegaría a aquella “Placita de mierda”, y a última hora se disculparía de actuar desde fuera de la plaza. Radio Macuto emitía la noticia de que el maestro no había llegado al pueblo, los nervios se pusieron a flor de piel, pero llegó y lo hizo a las seis en punto hora del paseíllo.

Salió al ruedo un  primer toro colorado de la Ganadería de Pérez Tabernero, tomó seis varas y mandó al suelo a varios jinetes. Márquez y Rayito hicieron sus correspondientes quites pero no así Cagancho que ya se vio que había llegado a Almagro desganado, el primero que le tocaba a Márquez y ya montó la tangana. Se dedicó simple y llanamente a apuñalarlo, fue advertido por la autoridad presidencial y recibió una sonora bronca, para entonces el personal llevaba ya mas de una hora pasando calor.

Rayito dicen las crónicas, estuvo bien con su segundo, el tercero y primero de Cagancho era un toro colorado y Bragado, hasta el momento Cagancho ni siquiera había desplegado el capote y siguió la línea. Consciente de que era su toro y de que no podía dejar de hacer un quite, Cagancho intentó ejecutarlo, pero el toro le desarmó haciendo volar la capa, momento en el que el maestro salió corriendo hacia la barrera. Ahí fue donde empezó la bronca de verdad, en la lidia el torero se mostró distante y cobarde, a la mínima que el toro le miraba echaba a correr. Tanto miedo tenía Cagancho, que hizo algo increíble, pinchó al toro en el cuello y después en el brazuelo.

En ese momento el teniente Juan A Ayuso, jefe del destacamento de la Guardia Civil que vigilaba el espectáculo, dio orden a sus hombres de que impidiesen que nadie saltase al callejón. Con ese sexto sentido que da el portar tricornio, ya se había dado cuenta de que aquella tarde se iba a ganar el sueldo.

Cagancho pinchó nueve veces mas y entró a descabellar cinco, y esto en su primero. A la arena empezaron a llover primero almohadillas, cuando acabaron las almohadillas las botas de vino, cuando acabaron las botas comenzaron a tirar botijos y cuando se acabaron éstos cualquier cosa sólida.

Márquez estuvo bien con el cuarto pero al público esto ya le dio igual, Rayito también cumplió, no obstante la gente quería que saliera el sexto a ver si Cagancho destapaba ese tarro de las esencias que dicen que tienen todos los toreros artistas. El toro que le salió a Cagancho tenía gran trapío y poder en la suerte de varas, mató a varios caballos, todo el mundo en la arena se puso nervioso, cundió el pánico, Cagancho sacó una muleta descomunal y comenzó a torear con el pico de la tela. No contento con eso, en uno de los pases mientras el toro estaba descuidado le largó un espadazo en el vientre y luego otro.

Según Cagancho decía que el toro le miró mal, así  que el torero tiró los trastos y repitió la suerte del tercer toro y se protegió tras la barrera, y una vez dentro como el toro se le acercara le pinchaba de nuevo. Sonó el tercer aviso signo de que el toro sería devuelto a los corrales porque el torero era incapaz de matarlo, sonó mientras Cagancho seguía intentado matar al animal sin salir de la barrera; Lo hacía pinchándole en los costados, en los brazuelos, en cualquier lugar menos allí donde ha de hacerse según manda el arte de cuchares. Aquellos de los subalternos que se atrevían a saltar a la arena, lo hacían con sus espadas debajo de las muletas, se acercaban al toro y le pinchaban también alevosamente en cualquier parte.

Estaba el toro vivo, y el ruedo comenzó a llenarse de espectadores que sudorosos y cabreados, con los vapores alcohólicos que había producido el vino, habían saltado a la arena con ninguna buena intención.

La guardia civil es mucha guardia civil, pero una turba enfervorecida puede con todo. Son más, y una vez que el ser humano llega a ese punto en que todo le importa un huevo, no hay argumentos que les frene. Las gentes comenzaron a perseguir a Cagancho, el cual intentó con la espada en la mano salir de najas de la plaza. Un espectador le agarró del cuello y arrojándole en dirección contraria le gritó. – ¡Al toro, coño! ¡Cobarde!.

Otro le arreó una hostia en pleno carrillo. Y allí estaba Cagancho, en medio de un ruedo lleno de gente que le rodeaba para darle una paliza; ruedo en el que todavía había un toro vivo sangrando por sus mil heridas, soltando tornillazos a la gente por delante.

Entonces cargó el ejército, concretamente un destacamento de Caballería que se encontraba allí reforzando a la guardia civil. A caballo en plan cabrón, consiguieron convencer al público de que se tranquilizase un poco. No sin esfuerzo, despejaron el anillo, ocho guardias civiles rodearon a Cagancho y lo sacaron de la plaza, entre una lluvia de todo tipo de objetos y fluidos corporales humanos, preferentemente faríngeos, epigástricos y nasales.

Los testimonios que he podido leer describen a un Cagancho todavía vestido de plata refugiado en el salón de actos del Ayuntamiento de Almagro, custodiado por la guardia civil para que el personal que estaba en la calle no lo matase, fumando indolentemente y como resignado._Así es la vida, yo quería quedar bien, pero lo que no pue zé, no pue zé. Uno de sus subalternos se queja a la guardia civil.

ES QUE EL TORO LE MIRABA MAL.

El fracaso de Cagancho en  Almagro es, efectivamente, la bronca mas gorda ocurrida jamás en un espectáculo público en España.

 

Un Saludo.

 

Onésimo Pérez.

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