UNA GRAN PERSONALIDAD DESCONOCIDA PARA LA MAYORÍA

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Cantabria es una tierra que ha dado personalidades muy importantes en todos los campos y en todas la épocas, algunos, como en el caso al que voy a referirme desconocidos para la mayoría de nuestra sociedad, sin embargo, muy importantes, quizá de los más importantes que hemos tenido en nuestra historia a pesar del desconocimiento.
Me refiero, a Don Antonio Ibáñez de la Riva nacido en Solares en el año 1687 y que llego a ocupar las más altas instancias religiosas y territoriales en nuestro país.
Don Antonio Ibáñez de la Riva, alcanzó la Cátedra de Bellas Artes de la Universidad de Alcalá de Henares, en 1.680 ocupo el arcedianato de Ronda hasta que en 1.687 fue designado Obispo de Ceuta, desde donde fue promovido en 1687 al Arzobispado de Zaragoza.
Tuvo tanta influencia política, que al poco tiempo de tomar posesión del Arzobispado, Carlos III lo nombra Presidente de Castilla, cargo que detentará hasta 1.692, en el que suplica al monarca permiso para renunciar y volver a sus diócesis de Zaragoza; pero de poco le sirvió ya que en 1.693 el último Austria, le nombra Virrey y Capitán General de Aragón, durante tres años, periodo en el que renuncia a su sueldo a favor de la Real Hacienda.
En el año 1.697 terminado su virreinato, celebró Sínodo y ordenó redactar unas importantes Constituciones que estuvieron en vigor más de un siglo; poco después para poder desarrollar su gran labor le nombran en su diócesis de Zaragoza un Obispo auxiliar, Don Lorenzo Amengual del Pino que ya había sido colaborador suyo en Ceuta.
Hacia el año 1.702 proclamado rey Felipe V con la Guerra de de Sucesión, asiste a las últimas Cortes aragonesas y en el año 1.703 es nombrado de nuevo por el primer Borbón, VIRREY Y Capitán General de Aragón.
Posteriormente en pleno periodo bélico de la ciudad de Zaragoza, con la proclamación del rey del Archiduque Carlo, Felipe V lo nombra Inquisidor General de España, trasladándose de Zaragoza a Madrid.
Don Antonio Ibáñez dejo una huella muy importante en Zaragoza, donde fundó el Montepío de aquella ciudad y mando construir la capilla de Santiago en la Seo, donde yacen sus restos.