COMUNICACIÓN DE LIBRO, SIN MÁS

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Es difícil evitar un día en que no asistamos a una controversia, a una polémica, que tenga como punto de partida algo que alguien ha comunicado (más bien mal). Dice mi buen amigo Fernando Jáuregui en el prólogo del libro(*) que acabo de presentar sobre periodismo, que “la comunicación es un todo que engloba nuestras actividades diarias, el envoltorio que los demás aprecian y en el que se contienen actividades, actitudes y pensamientos. Y quien desdeñe los envoltorios va a cometer muy serias equivocaciones en casi todo lo que acometa”. No puedo estar más de acuerdo con el gran periodista de origen cántabro.

Querer salir en los medios, y siempre bien, se hace muy cuesta arriba porque impera gracias a Dios la diversidad de pensamientos, opiniones y puntos de vista. Pasa a diario en las tertulias de radio y televisión que tanto eco tienen. Echar la culpa a la prensa cuando alguien recula de lo que ha dicho o hecho (mal), es también otra constante en este país. Lo saco a colación ya que ahora asistimos al debate abierto de que quizás los periodistas deban cortarse un poco a la hora de hablar de casos y personajes que se encuentran inmersos en procesos judiciales por corrupción. Esto es no entender nada del papel que tienen los medios de comunicación y sus profesionales dentro de una sociedad democrática, abierta y plural. De forma tajante hay que recordar una vez más, y las que haga falta, que sin libertad de prensa no hay democracia. Por eso no hace falta revisión alguna de las formas de informar cuando algo o alguien es de actualidad. Los medios saben autorregularse perfectamente, y por si fuera poco existe un Código Deontológico, que especifica claramente cuáles son los temas que la profesión periodística debe tratar con especial sensibilidad, como es el derecho a la intimidad de los menores.

Buscar siempre las críticas y evitar los reconocimientos de cuando en cuando tampoco es bueno. Baste poner de manifiesto el papel que ha tenido y tiene la política y la difusión de la información en lo que es contrarrestar, no, mejor dicho, acabar con la violencia de género. La profesión de informar debe buscar siempre lo que debe buscar, la verdad. Y practicar de habitual una comunicación de libro, sin más. Contra esto no hay paños calientes, críticas sin fundamento, o susceptibilidades que valgan. Aunque debemos reconocer que los medios, especialmente por el empuje fortísimo de las redes sociales, comete en ocasiones el exceso de opinar más que informar. Nada que no pueda solucionarse en el siguiente artículo.

 

* Miguel del Río Martínez acaba de publicar el libro “Comunicación de Libro”, CdL.

 

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