Fallaron los extintores en la tragedia de la Avenida del Faro

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El grave suceso acaecido esta mañana en Santander (tres jóvenes muertos) en la avenida del Faro, pone de manifiesto algunos fallos en la seguridad. Al parecer ni un autobús urbano ni la policía tenían extintores con suficiente capacidad para apagar el fuego, lo que ha provocado que tres ocupantes de coche murieran calcinados. Es más, a esta hora de la tarde (17,45 horas) aun no se han proporcionadolas identidades de las víctimas, cuando con los datos que proporciona la matricula del vehículo hay más que suficiente para tener esa información en poco tiempo.

“El Diario Montañés” publica, en su edición digital, un relato de gran interés proporcionado por uno de los testigos: ” Luis Pérez se dirigía a jugar al golf. Era una mañana cualquiera de sábado, con poco tráfico a las nueve y media. Sin embargo, al dar la curva que bordea las instalaciones de la Mutua Montañesa se encontró una imagen brutal: un coche estaba empotrado contra un árbol. Varias personas corrían a su alrededor “con mucho nerviosismo”, mientras una columna de humo negro se hacía cada vez más evidente. Paró su coche a unos metros y salió corriendo hacia el coche accidentado, un Opel Astra oscuro, de tres puertas. “¡Están dentro, están dentro!”, oyó que gritaban. Y entonces comenzaron los nervios para él: “Varios testigos habían sacado al piloto,habían echado el asiento hacia adelante y por ese hueco lograron sacar a la chica, que estaba tumbada en el asfalto, inconsciente”.

Ella ha sido la única superviviente de un accidente que ha tenido en el fuego su peor enemigo, prosigue el relato de El Diario Montañés: “El coche era un amasijo de hierros y el copiloto tenía el cinturón de seguridad puesto, los pies aprisionados y la puerta estaba atascada”. Estaba insconsciente, dice. Así que cogió una botella de agua “que siempre llevo en el coche para dar de beber a la perra” y lo echó por encima del asiento, por donde el fuego comenzaba a avanzar a una velocidad de vértigo. “No sirvió de nada, buscábamos como locos un extintor pero nadie tenía. El guarda de la Mutua Montañesa consiguió uno pero era muy pequeño. Paramos un autobús urbano que bajaba pero era también muy pequeño y no sirvió de nada”, dice enumerando la impotencia de saberse perdedor en una carrera contra el fuego. Cuando llegó la Policía Local, “que tampoco tenía ningún extintor en sus coches patrulla, ya era tarde”. Lo dice sin maquillar con adjetivos la dureza de lo que vio. “La velocidad de las llamas fue impresionante, el foam del asiento ardió en segundos y no pudimos hacer nada más”.

Ahora, horas después de haber asistido a semejante desastre, no puede evitar las preguntas con condicionales. “¿Y si hubiera tenido un extintor en el coche?”, se pregunta en voz alta al recordar cómo incluso sacó la rueda de repuesto por si estuviera debajo. “¿Y cómo es posible que los coches de policía no tengan un extintor para casos así?”. La rabia se mezcla ahora con las imágenes “que no consigue borrar de la cabeza“, mientras la policía trabaja por identificar a los pasajeros y la ciudad trata de recuperar una calma que la tragedia le robó la mañana de un sábado cualquiera.

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