APRENDER A LA FUERZA

Cierto es que los valores que tienen los jóvenes hoy en día dejan mucho que desear, que sólo les preocupa divertirse y que pasan los días pensando en lo que harán el fin de semana. A parte de esto,  también merecen comprensión.  El problema está en el nivel de exigencia de la sociedad y del entorno familiar. Muchas familias educan a sus hijos para que sean los mejores en un ámbito, para que destaquen por sus méritos en vez de por su personalidad.

Ahora desde niños nos acosan con obligaciones: tienes que aprender al menos dos idiomas, el inglés es imprescindible y hay que saberlo a la perfección,  tienes que sacar la mejor nota, es probable que tengas que ir a estudiar a otra comunidad y seguramente a trabajar al extranjero.

Calma. Todo llega, y meter presión no es la solución. Educar a alguien no consiste en pretender que sea el mejor, si no en que sea buena persona. Los padres se preocupan de que sus hijos saquen la mejor nota y en que aprendan inglés desde pequeños, pero se olvidan de valores como la humildad. Al final, no hacen que su niño no sea el mejor, pero sí que se crea el mejor.