POLEMIZAR SIEMPRE SOBRE LAS MISMAS COSAS

No deja de ser chirriante que en un país donde impera el sol, se vive bien y sabe divertirse, siempre estemos a vueltas con las polémicas de toda la vida, que nos hacen cansinos y aburridos. Imagino que me refiero al eterno debate de las dos Españas, que permite que desde las instancias de arriba se tomen en demasiadas ocasiones decisiones muy absurdas. Estas situaciones los ciudadanos las solemos explicar de esta forma: ¿Pero no habrá otras cosas más importantes de que hablar y resolver? A ver: está el paro, los ERES, el aumento de prejubilaciones, los desahucios, que paguen impuestos los que defraudan, los sueldos tan bajos, y, ante todo, que nuestras jóvenes promesas no abandonen su país o sus regiones porque aquí no encuentran oportunidad alguna.

 

 

Si hiciéramos una gran encuesta nacional sobre la opinión que tiene nuestra juventud de las estupideces y rencillas con las que perdemos el tiempo los mayores, nos íbamos a enterar de lo que vale un peine. No alcanzo a explicarme la gran distancia que existe entre lo que realmente se opina y se piensa en la calle y lo que nos cuentan a diario los medios de comunicación, como fruto de los debates nacionales que se producen sobre cuestiones que resultan irrelevantes para el progreso general de la gente de a pie.

 

Pienso que no hace falta que les ponga ejemplos concretos sobre las preocupaciones que hay en las alturas, que nada tienen que ver con los problemas reales de una familia para comer todos los días, tener un trabajo seguro, poder pagar las facturas y llegar a final de mes. Sobre ahorrar algo, mejor no les digo nada porque vuelven a subir los precios de todos los productos, salvo los salarios, pero de esto no se habla, nada se debate y menos se acuerda. Somos un país de grandes contradicciones que lleva décadas hurtándole a sus generaciones un gran avance de mentalidad, y dejar atrás las viejas peleas sobre símbolos, calles, monumentos, constituciones, autonomías, independencias y demás hechos de la vieja cantinela. Tal y como amanece un nuevo día, tan parecido al anterior, hablar aquí de futuro se hace muy cuesta arriba, si no desterramos de una vez por todas (bastante inseguro) las polémicas estériles que no llevan alimento alguna a la boca.