LAS CUENTAS NO SALEN

Los economistas con labia ocupan cada vez más asientos en las mesas de las tertulias de radio y televisión, porque las cuentas, en este país, no salen. El déficit público no está quieto, ni se ajusta a lo que pide Europa, que antaño no se ha andado con chiquitas a la hora de intimidar con la visita de sus hombres de negro portando dentro de sus maletines los recortes, ajustes e incluso rescates ideados desde Bruselas. España acaba de suspender nuevamente en los deberes impuestos. Es pronto para saber lo que va a ocurrir de aquí en adelante, porque la actual Europa no tiene nada que ver con la de hace cinco años. La política europea se basa siempre en ganar tiempo. La Unión actual tiene problemas tan serios como el terrorismo, el debate en auge de la salida de Inglaterra de este club, y la pésima política que está haciendo con los refugiados que cuesta un pastizal a entregar a Turquía, país que aspira de esta forma a ser próximamente el estado socio número  29 de la UE.

 

 

La economía actual de la que se habla en las principales capitales europeas no es ya la de los recortes que, dicho sea de paso, ha fracasado estrepitosamente. Inglaterra quiere ir por libre en un futuro; Francia quiere más ejército para luchar contra la Yihad; Bélgica quiere más dinero para refundar sus servicios de inteligencia, también contra el terrorismo; y Alemania se encuentra en una encrucijada política y social que proviene del creciente distanciamiento entre lo que es el pensamiento político desde el gobierno y el pensamiento de la ciudadanía. Con este panorama no se sabe muy bien en qué tejado está la pelota de lo que se va a hacer con los presupuestos, las economías y los déficits europeos. Regresamos así a España y a unas malas cuentas. Una cosa está clara: en estos años atrás se ha puesto de manifiesto el despilfarro en obras faraónicas que ahora son solares abandonados. Hay por tanto un antes y un después a los años negros de la crisis y a lo que hay que dedicar auténticamente los escuálidos recursos económicos. Tenemos que gastar, tanto en las administraciones como en el ámbito de los hogares, según lo que ingresamos y ser responsables  con nuestras deudas para solventarlas en los plazos más cortos posibles. Criticar los recortes no está reñido con exigir gestiones presupuestarias responsables y de obligado cumplimento por todos.