LOS MÉDICOS EXPLICAN MEJOR LA CRISIS

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En las crisis, unos padecen más que otros. El verbo padecer está muy vinculado a los médicos, y no sólo por su significado de sentir un daño, dolor, enfermedad o pena (no olviden esto último de las penas). Se padece también una crisis, se padece el paro, se padece falta de perspectivas y se padece, por no hacerlo más largo si ya está claro, una rabia interior, insoportable, porque quien padece algunas de estas situaciones tan difíciles, siente con razón que la vida no es justa con él. Y es aquí donde vuelve a entrar el médico a quien, por el respeto que siempre nos ha dado la curación, le pedimos más que sanar y las recetas, cada vez que les relatamos una pena concreta.

 

Cada año, junto a otros compañeros periodistas, nos reunimos a comer con los médicos que nos cuidan durante todo el año. La crisis, y me refiero a ellos, les ha puesto aún más alto respecto a la valoración que los ciudadanos tienen de los médicos. Los periodistas no hemos estado mal, las cosas como son, pero los médicos, como de costumbre, lo han dado todo. Si el Gobierno recortaba en sanidad y difícilmente explicaba las graves consecuencias de la crisis, ¡ahí estaban los médicos!

 

La crisis les ha llenado más sus consultas, y han llevado lo mejor que han podido atender a un paciente al que conocen desde chaval, ver su progresión personal y profesional a lo largo de los años, y auscultarle ahora, a sus 45 años, pero con la gran diferencia de que está en paro y sin perspectivas. Las migas entre la medicina y la política casan a la fuerza. Y lo digo porque a los médicos les gusta más sumar, que es lo mismo que ofrecer mejores servicios, en vez de restar como ahora les obliga la sanidad pública. En los años de crisis aún no acabados, los médicos han sido la radiografía del descontento social. Han hecho bien su trabajo, lo han dado todo, y han escuchado las penas de sus pacientes, por esto y por aquello otro. Pueden sentirse orgullosos, porque no se puede dar más en tiempos de tantas adversidades.