EL PARQUECITO

A veces no son necesarias las grandes actuaciones para crear espacios cómodos y agradables, sino que son las miniobras las que permiten, con un gasto razonable, ganar zonas infrautilizadas para el ocio de los ciudadanos, en general, y de los más pequeños, especialmente. Un buen ejemplo de esto lo tenemos en la que llamábamos Plaza de Las Cachavas, rebautizada Machichaco desde hace unas semanas, bajo cuya superficie se encuentra un aparcamiento subterráneo. Era un lugar deslucido y de rápido paso porque nada invitaba a quedarse, dotado de unos pocos bancos, unos setos y unas pérgolas como único adorno. Ha bastado que se atiendan las peticiones de los vecinos, una remodelación que recrea un puerto urbano y algunos juegos infantiles, modernos y simples, para que vayan los niños con sus padres y llenen de risas, de alegría y de vida un sitio triste y muerto.