Libertad de expresión a la carta

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Comienzo sección de opinión con esta columna, o debiera de decir: abro sección. La elección de las palabras resulta tan clave como difícil, no sólo por el hecho de atinar al escogerlas sino al hacerlo con su significado, sobre todo ahora que la RAE vuelve, una vez más, a la palestra pero por la competencia que le ha salido. Juzguen ustedes mismos: “imputado” por “investigado o encausado” es uno de los ejemplos trasladados al respetable, el mismo que asocia al primer término con una retahíla de nombres políticos cuya telenovela de su vida y obra seguimos, queramos o no un día tras otro, superando en intriga a cualquier ficción imaginable.

Francisco Ibáñez, el historietista humorístico, lo comentaba esta misma semana en las entrevistas concedidas con motivo de la presentación de ‘El Tesorero’, el último caso de Mortadelo y Filemón, afirmando en tono divertido que los políticos le hacían competencia desleal. El dibujante ha plasmado sólo una parte de esta actualidad, que nos desestabiliza con dosificadas entregas más propias de un serial que de unos servicios informativos, y la ha bendecido con la graciosa inmortalidad del cómic. He aquí el  punto de vista del humor español: encontrarle a todo un enfoque que nos permita quitarle hierro al asunto con una carcajada, porque no es para menos y porque lo contrario de reír es peor opción, e incluso rentabilizarlo con audiencias de programas que se nutren a diario con el inagotable filón político. Imposible que no existan con tantos motivos, y el público agradecido, mitigando la indignación a base de hilarantes chascarrillos basados en hechos, y dichos, reales. Ibáñez, pues, no es el único que se nutre de esa cantera infinita de la que a diario todos somos consumidores directos.

Hasta hace bien poco asociábamos la palabra “diferido” a los partidos de futbol. Ahora, sobran las explicaciones de lo que se nos viene a todos a la mente. La ‘marca España’ tiene algo más de lo que presumir, aparte del impulso de un emoticono para la paella, que no es tanto el buen humor del pueblo, que ese es marca de la casa junto con la siesta, como el que se gastan quienes se ponen delante de los micrófonos para hablar: unos salados en toda regla que no paran de sorprendernos en todos los campos. Lo último que he sabido es la creación de un rap.  Lo dicho, no hay palo que se les resista.

Si no fuera por el tema tratado, la cosa hasta tendría su gracia. Las expresiones, los discursos y las informaciones tienden a parecerse a los trampantojos, que ahora están tan de moda siendo merecedores de premios, pero sólo en los concursos de cocina creativa. Siguiendo con la comparación gastronómica, ahora es tendencia la libertad de expresión a la carta.

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