GUANTES

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Se ve que la joven –una empleada la llama Matilde, la conoce– contiene su enojo. Pongámonos en situación. Supermercados Lupa, dos de la tarde, zona de frutas y verduras. Un cartel muy visible advierte de que, por higiene, deben utilizarse guantes, aunque el aviso debiera ser innecesario. El enfado de Matilde se produce porque una señora coge la fruta con las manos desnudas, la palpa, la aprieta, la soba y, si no le gusta, la vuelve a dejar. Matilde no se aguanta y pregunta educadamente: “Perdone, ¿no sería mejor que usara guantes?”. La señora la mira y contesta: “¿Para qué?”. Ya muy suelta, Matilde aclara: “Por dos razones, la primera porque voy detrás de usted y no pienso comer lo que está manoseando. Y la segunda, porque no sé dónde ha tenido metidas las manos antes de ahora”. Una respuesta muy apropiada. Faltó poco para que otros clientes la ovacionaran.