“SOVALDI” CONTRA LA HEPATITIS C

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Los vocablos más conocidos que han declarado un coma inducido al Estado del Bienestar se llaman recortes, ajustes, preferentes o “sovaldi”. Pese a que este último se escribe y suena raro, es el medicamento que reclaman los enfermos de hepatitis C, y que la sanidad pública no les proporciona por su alto precio. El diagnóstico de estos pacientes -que se manifiestan frente a hospitales o viajan a Bruselas, sede del Gobierno de la Unión Europea-, es bastante negro porque tiene que ver con la degeneración de su hígado, la cirrosis y el cáncer. Lo expongo primero como la noticia que es, y es ahora cuando añado que esta situación no puede continuar un día más.

 

Estoy seguro de que si se hace una encuesta nacional al respecto, cerca de un noventa por ciento de los opinadores se manifestaría rotundamente a favor de que se les proporcione el “sovaldi”. “Africanizar” la solución a las enfermedades, echando la culpa al precio de los medicamentos, es un retraso en toda regla. Al sacar a colación lo que sucede en África con sus peores pandemias, pretendo remover conciencias, al habernos acostumbrado a oír que haya enfermedades no erradicadas en este rico continente, porque a los burócratas no les salen los números con las vacunas a proporcionar para la malaria o el sida. Incluso les da igual que los contagiados sean niños.

 
Las comparaciones resultan casi siempre odiosas, pero se está en abaratar los sistemas sanitarios del mundo entero, siguiendo el mal ejemplo que en este sentido es Norteamérica, donde, si no tienes seguro médico, no eres nadie. Europa no era así. Aquí se hablaba sacando pecho porque la sanidad estaba universalizada, un término un tanto exagerado para venir a decir que las urgencias de un hospital atendían a cualquiera. De Londres a Roma, de Copenhague a Madrid o de Oslo a Paris, hoy te lo piensas dos veces antes de acudir a que te miren por un dolor concreto. Desgarradoramente, tiene mucho que ver con si trabajas o no, con que seas del país, o el pago que tienes que hacer de determinados tratamientos o medicamentos que ya no están incluidos en el sistema de una medicina asistencial y gratuita. Con el “sovaldi”, pese a lo que sana, también se dice “no” en los hospitales. Uno es. Uno piensa. Uno no es una máquina. Uno no es un número dentro de un presupuesto. Y uno quiere sentir. Sentir que interesa a sus semejantes, porque, algún día, ellos pueden estar en mi lugar. ¡Espero que no!

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