LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN DEBE TENER LÍMITES

0
240

En la vieja Europa, se está instalando de manera muy preocupante, una corriente propiciada desde muchos medios de comunicación y consentida por los diferentes gobiernos de ocultación de Dios.
Es como si a muchos gobiernos y sobre todo, medios de comunicación; Dios les molestará.
Hay un empeño brutal por relegar a Dios, al ámbito exclusivamente interior; negando toda identidad cristiana.
En esta lucha absurda y muy arriesgada de occidente; aparece el Islam más intolerante; no el moderado; con su violencia y sus formas terroristas; rebuscando posibles ofensas y pretextos para utilizar la venganza ciega y criminal.
Ante esto, sólo se puede mostrar el rechazo y la solidaridad con las personas que han sufrido los atentados; nadie y mucho menos en nombre de Dios; puede utilizar la violencia.
Dicho esto, voy a decir algo que nada tiene que ver con rechazar la violencia y el terrorismo con todas nuestras fuerzas: Insultar a Dios y reírse de Él es una grave ofensa y no debiera ser considerado como un acto de libertad de expresión.
No podemos sacralizar la libertad de expresión; hay que poner límites.
El otro día al grupo musical “Los Chunguitos”, les expulsaron de una conocida cadena de televisión por decir cosas que también rechazamos; pero la pregunta sería: ¿No tienen también derecho a decir lo que piensan, y tener libertad de expresión?
Parece claro, que la libertad de expresión; sólo existe para lo que interesa o es políticamente correcto.
Si algunas de estas televisiones o medios escritos o hablados; reciben una dura carta contra la dirección de la Cadena o su Consejo de Administración, no publican, ni dicen nada, porque les afecta a ellos directamente.
Menos fariseísmo y menos “pamplinas” con la libertad de expresión; estamos sumidos en una relativismo feroz, lleno de mentiras o medias verdades.
Los medios de comunicación mundiales y por supuestos los de España, no son ejemplo de nada, es más, digo con vergüenza que en nuestro país, son más bien en general; no todos, en gran parte, responsables de la crisis social, política y de valores que vivimos.