LOS PELIGROS DE LA RED EN EL SENO DE LA IGLESIA

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Los cristianos,los católicos, estamos llamados a la conversión permanente; en una lucha para abrazar el bien y rechazar el mal. Laicos, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas; todos debiéramos tener ese objetivo cada minuto de nuestra vida; pero si eso debe de ser la norma general para todos; la exigencia debiera de ser aún mayor para el clero, para los religiosos y consagrados; y con suma humildad y autocritica; en esto, dejamos bastante que desear y demasiadas veces; nuestro ejemplo individual y colectivo es deficiente; en modo alguno, quiero decir que sea en todos los casos; pero si puede llegar a ser un problema. No puede ser que personas consagradas, estén día tras día colgados a la red, cuchicheando y criticando a “todo el que se mueve”; no puede ser que el “carrerismo” y la envidia estén tan instalados en algunos sectores eclesiales, repito, afortunadamente no en todos, ni siquiera de forma mayoritaria. Algunos de los comentarios llaman la atención por la falta de caridad e incluso de verdad; dando la sensación de un vacío espiritual y una falta de respeto hacia los demás, dignos de estudio psiquiátrico. El Papa Francisco, pone el dedo en la herida de forma repetida sobre estos asuntos; en una forma de proceder que demuestra su conocimiento del interior de la Iglesia y de su firme voluntad de rechazar cualquier forma de actuación apartada del Evangelio y de cualquier conducta nada ejemplar. Tenemos la fuerza del Espíritu en la tarea de la evangelización; pero los que debemos de estar más comprometidos tenemos la obligación de dar ejemplo de coherencia y compromiso; aun sabiendo de nuestras debilidades y nuestros defectos; ya sabemos que somos vasijas de barro. No se puede dar lo que no se tiene; internet, la red, es un buen medio para la evangelización y para dar noticias de carácter religioso; pero en modo alguno de ser “droga” para que algunos se pasen el día colgados del sistema y criticando todo lo que se pone a su alcance; en vez del ocuparse del hermano que sufre, del vecino enfermo o de otra labor pastoral encomendada. No estaría mal que se hiciera un estudio individualizado de cada nuevo candidato y candidata a la vida religiosa, sacerdotal; sobre este tipo de dependencias; es un asunto que de cara al futuro pudiera alcanzar suma gravedad en la vida de la Iglesia y hay que anticiparse a que el problema sea de mucho mayor calado.