VERDADES PERDIDAS

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Lo que más nos aleja de la verdad es fingir y aparentar y todos creemos que todos lo hacemos. Triste, porque no corren buenos tiempos para descubrir entre las muchedumbres verdaderas esencias, que te lleven a darte a la primera, a creer y confiar, sin necesidad de meter un nombre en Google para localizar más biografía. La verdad tiene a su peor enemigo en la jeta, que lo mismo hace de alguien sin estudios licenciado universitario sobre el papel, que impulsa a un osado a debatir sobre corrupción en la 1 o La Sexta, cuando días después la Guardia Civil le va a buscar a casa y seguidamente el juez dicta cárcel sin fianza. Desde los medios de comunicación se ha dado desde siempre demasiada cancha a los jetas, porque es una manera de hacer carantoñas con los poderes, y la influencia perversa que pueden tener sobre la libertad de expresión. La búsqueda de la verdad sobre algo puede ser inmediata, larga o eterna. A un hijo le pillas la mentirijilla casi al instante, y esto es encontrar la verdad de inmediato. La verdad sobre los altibajos del corazón en las relaciones siempre es larga y da lugar a pensamientos ocultos, en voz alta o en el confesionario. Y la confianza se eterniza cuando no avanzan cuestiones de lo cotidiano en la política, la economía y el arreglo de conflictos históricos, que se empeñan en explicarnos, de un lado y de otro, sin éxito alguno.

 

Realmente hay cosas en las que ya no creemos. Tras haber hablado y escrito tantas veces sobre ello, el otro día leí una entrevista con jóvenes que denunciaban que los mayores les hemos decepcionado y condenado. Esta sí que es una verdad. Cuando se pierde la perseverancia, se pierde también la verdad, porque los cambios no caen del cielo. Me rio antes de escribirlo, porque es curioso como cada vez que en este país se desmiente algo, resulta que, al contrario, el hecho es verdadero. En todas las etapas de la vida, se vienen a contar tantas verdades como mentiras. Se empieza por decirle al enfermo grave que no está tan mal, y se termina negando el uso de una medicina grave para quien la necesita como el aire que respira. La verdad verdadera, solo es verdad. Y la mentirijilla es mentira, por más que se disfrace de lo que queramos. Quien dice que nunca miente, es quien más lo hace. Me fio más de quien, a la chita callando, busca y rebusca, para recuperar verdades simples.