TEXTO DESPEDIDA DEL VICARIO GENERAL, P. MANUEL HERRERO, AL OBISPO

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MISA DE DESPEDIDA A  NUESTRO OBISPO , D. VICENTE.
Catedral de Santander.
18.12.2014.
17,00 horas.

Monición de entrada.

Buenas tardes, hermanos y hermanas.

Nos reunimos esta tarde  en esta Catedral, Iglesia Madre de la Diócesis, donde el Obispo, tiene su sede, para anunciar la Palabra,  y su altar, como sacerdote, para celebrar la Eucaristía, memorial  agradecido de la Muerte y Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor, de su amor entregado hasta el final por nosotros,  presencia viva  del Resucitado  entre nosotros.

Nos reunimos como lo que somos, hijos del mismo Padre, para darle gracias por su misericordia y amor eterno, por  providencia y ternura manifestada en Jesucristo y comunicada por el Espíritu  Santo.

Nos reunimos como Iglesia Diocesana, porción del Pueblo de Dios que camina por tierras de Cantabria y el Valle de Mena, encomendada a la atención pastoral de un Obispo,  que tiene su sede en Santander, que  nos congrega  en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y la Eucaristía; nos reunimos  para dar gracias por lo que somos  y pedir perdón por nuestros pecados.

Especialmente  hoy queremos dar gracias como Iglesia, sacerdotes,  diáconos, consagradas y laicos,  por  un miembro eminente de la misma,  D. Vicente,  por su persona, vida y ministerio,  nuestro Obispo durante siete  años y tres meses, que vino de la Iglesia hermana de Osma-Soria y se va a otra Iglesia hermana, la de Zaragoza.

En este tiempo, usted, D. Vicente, ha sido entre nosotros reflejo del Padre, que es compasivo y misericordioso, presencia del Hijo, Jesucristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, testigo del Espíritu, que guía y alienta a  la Iglesia. ¿Cómo no dar gracias  y alabar al que el Obispo de los Obispos,  al Pastor de los Pastores por usted?

Queremos agradecer a Dios y a darle las gracias a  usted por el don  y la  gracia de su ministerio entre nosotros, que ha sido y es  “oficio de amor”. Gracias, D. Vicente, por sus  oraciones e intercesiones ante Dios por nosotros, por el afecto demostrado con obras y palabras,  por sus trabajos, esfuerzos, iniciativas, desvelos, alegrías y sufrimientos, por su entrega total por nosotros, y por su solicitud por las otras iglesias, para confirmarnos en la fe, alentarnos en la esperanza y  unirnos en la caridad, servidora y samaritana.

En este momento quisiera desgranar  año por año, día por día, y detenerme  y repasar  agradecidamente  y cordialmente  su ejercicio del “oficio de amor” entre nosotros. Pero no es posible, destacaré  algunos aspectos y realizaciones:  su cercanía a los sacerdotes, especialmente a los  jóvenes, a los mayores, a los que sufren  y a los enfermos; su apuesta por el Seminario y los seminaristas; su preocupación  por los sacerdotes necesitados de  asistencia  con la creación de la Residencia Ntra. Sra. la Bien Aparecida en  Monte Corbán; las visitas pastorales  a  las parroquias  de nuestros pueblos,  incluso los más lejanos y despoblados; su fidelidad y empeño  apoyando la pastoral juvenil y vocacional; la iniciativa valiente, la  preparación y culminación de las Asambleas de Laicos y del Clero, y el proyecto de la Asamblea de la Vida Consagrada; el haber promovido la participación y corresponsabilidad en toda la diócesis, en la elaboración, seguimiento, ejecución y evaluación de los planes pastorales; su animación caritativa  para con los necesitados, de cerca y de lejos , y  su sabia palabra, su buen hacer en el gobierno, con chispas de humor.

En esta acción de gracias  debemos incluir a  D. Juan Carlos Atienza  y D. José Ramón Cavada, sus fieles  y sucesivos Secretarios,  a Dª. Teresa Rivas, siempre atenta y servicial en las tareas de la casa.

Pero también la Eucaristía es para pedir.  Como pobres que somos,  también pedimos y le pedimos; su perdón  generoso   por los disgustos y sufrimientos ocasionados.

Que se acuérdese de nosotros, D. Vicente en su Eucaristía, como nosotros le recordaremos cuando  en  la fracción del Pan, el sacramento de la piedad, signo de unidad y vínculo de caridad,  oremos por toda la Iglesia, extendida por toda la tierra, en comunión con el Papa Francisco, nuestro próximo Obispo y todos los pastores de la Iglesia, para que nos lleve  a la perfección de la caridad.

Que el Señor le ilumine  para que siga siendo como es y lo que es: un pastor según el Corazón de Cristo, sabio, prudente, noble, castellano, con olor de oveja, que va delante del rebaño para guiarlo, en medio del rebaño para acompañarlo, y detrás para que no se pierda ninguno y todos mantengamos la unidad en la caridad.

Que la Virgen María,  mujer creyente, madre de la esperanza y señora de la caridad,  en sus advocaciones de los  Milagros, patrona de Ágreda,  la Bien Aparecida y del Pilar,  interceda siempre por usted y le acompañe con su protección;  igualmente pedimos para usted  la intercesión de los Santos Mártires Emeterio y Celedonio  y de todos los santos y beatos de nuestra Diócesis.

Ore e influya, D. Vicente,  para que esta Diócesis  tenga pronto, lo  más pronto posible,  un nuevo pastor según el Corazón de Dios, digno sucesor suyo.

Muchas gracias, D. Vicente, por todo,  y  con estos sentimientos  celebremos  esta Eucaristía presididos por usted..

Entrega de dones y detalles:

Hemos recibido las grandes dones del Padre Santo, su Hijo Jesucristo que se entrega como comida y bebida y el Espíritu Santo, don en sus dones espléndido.
Usted, D. Vicente.  ha sido  y es un don de Dios para nosotros; nosotros, como signo de gratitud, sencilla, pero profundamente sincera, le ofrecemos estos simbólicos regalos; no valen mucho en sí, pero si en lo que expresan  y muestran.

(  Se acercan los presbiteros y diáconos ordenados por D. Vicente y le entregan una talla de madera de la Virgen Bien Aparecida).  Uno lee lo siguiente:  D. Vicente, le entregamos la imagen de nuestra Patrona, la Bien Aparecida. Es pequeñuca, pero muy grande. Es el miembro  más eminente de nuestra iglesia, y con ella, bajo su patrocinio, estamos todos nosotros. Que al verla  en su casa, nos vea a nosotros, sus hijos y hermanos.

( Se acercan los  seminaristas y representación de los jóvenes y le entregan unos CDS de música) Uno lee lo siguiente:  D. Vicente: Le entregamos estos CDs con Música de Cantabria, religiosa y popular; también una canción con el Himno a Santa Catalina, patrona del Seminario de  Monte Corban, como recuerdo de nuestros pueblos, de nuestra cultura, de  nuestro Seminario ,  y  expresión de  nuestras esperanzas.

( Se acercan  la presidenta de CONFER y un religioso, un  Hija de la Caridad, una  persona del Orden de las Vírgenes y una de los Institutos Seculares y le entregan una cartera de mano).  Uno lee lo siguiente:  D. Vicente: le regalamos una cartera para llevar documentos. Usted  se ha preocupado y ocupado por la vida consagrada  entre nosotros, en la Conferencia Episcopal y en Roma. Muchas gracias y le pedimos  que siga ocupándose  de esta   parcela de la Iglesia.

(Delegados de Apostolado Seglar, de Familia, y de  Cáritas y le entregan una botella con agua del Ebro y una pintura del nacimiento del Ebro). Uno lee lo siguiente:  D. Vicente, le presentamos Agua del Ebro y una pintura que representa el nacimiento del Ebro en Fontibre. Canta la jota aragonesa: “En Reinosa nace el Ebro, en Tortosa se une al mar; pasa por Zaragoza, para besar el Pilar”. Que cuando vea las aguas del Ebro pasar por su Diócesis,  se acuerde de nosotros, como nosotros nos acordaremos siempre  con alegría y gratitud de usted, D. Vicente.

Feliz ejercicio de su “ oficio de amor” en la Iglesia de Zaragoza y feliz Navidad, D. Vicente.  Aquí tiene a unos hijos y hermanos, no se olvide de nosotros. Que el Señor le bendiga y acompañe siempre.

Muchas gracias y hasta que nos volvamos a ver, si Dios quiere, que seguro que querrá.

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