DON VICENTE, NUEVO ARZOBISPO DE ZARAGOZA

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El Santo Padre; el Papa Francisco, ha nombrado a nuestro Obispo Don Vicente, nuevo Arzobispo de Zaragoza.

A la hora de escribir esta líneas, se mezclan en mi mente muchos sentimientos: profundo agradecimiento por ordenarme, hace ya más de seis años, Diácono, cariño y gratitud a raudales; por su confianza y apoyo en todo momento a nivel personal y a este querido proyecto Diocesano de Popular Televisión.
No sería sincero si no dijera que también siento tristeza; han sido siete años intensos y tantos recuerdos que están ahora a ?flor de piel?.

Momentos imborrables, como la visita Pastoral a San Roque de Riomiera, Merilla, Mirones y otros pequeños pueblos de aquella zona; acompañados de ese sacerdote ejemplar y amigo que es Don Ricardo Bárcena.

La ordenación en la Catedral de los primeros Diáconos Permanentes de la Diócesis a Hilario Obregón y a mí; el inolvidable viaje a Roma; junto al personal de Popular Televisión; en el que tanto disfrutamos y la audiencia con el Santo Padre en un sitio muy cercano.

En fin; recuerdos y recuerdos que nunca olvidaré.

Del Ebro parte Don Vicente y al Ebro llega, a orillas de ese rio noble distribuidor de gran caudal que es riqueza. Allí a orillas del Ebro, tengo a mi hija María Teresa; trabajando como profesora; allí voy con frecuencia y ahora con la seguridad que tengo un amigo más, que podre ir visitarle y estar con él en mucho ratos. Estoy seguro que el Papa Francisco ha elegido bien para esa tierra noble y acogedora; española y universal: Zaragoza.

Me quiero despedir con estas palabras que salen del corazón; son de un precioso tema de Alberto Cortez:

Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar, la llegada de otro amigo.
Cuando un amigo se va, queda un tizón encendido., que no se puede apagar ni con el agua de un rio.
Cuando un amigo se va, una estrella se ha perdido, la que ilumina el lugar donde hay un niño dormido.
Cuando un amigo se va, se detienen los caminos y se empieza a revelar el duende manso del vino.
Cuando un amigo se va, queda un terreno baldío que quiere el tiempo llenar con las piedras del hastío.
Cuando un amigo se va queda un árbol caído, porque ya no puede brotar porque el viento lo ha vencido

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