INTERSTELLAR.

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CALIFICACIÓN:7.5   

 EMOTIVA Y DENSA AVENTURA SOBRE EL PODER DEL AMOR.

Apasionante ejercicio de funambulismo y prestidigitación con el que Christopher Nolan vuelve a crear una obra arriesgada y que no deja indiferente. Un film fascinante de aventuras espaciales, una buena peli de ciencia-ficción y, sobre todo, una película sobre el amor y las emociones y todo conciliando el cine de autor con el cine comercial, la ciencia con el humanismo, lo cósmico con lo intimo.

A pesar de los diálogos y diatribas sobre la ley de la gravedad y relatividad o sobre la mecánica cuántica, Interstellar se entiende muy bien y está claro que es una película sobre el amor; ese capaz de ir más allá del tiempo y del espacio o ese que un padre siente por un hijo y viceversa y una obra sobre el instinto pionero y aventurero que mueve al hombre, siempre buscando y explorando nuevos caminos, para entre medio ser una especie de condensación y análisis del monolito de Stanley Kubrick, de la naturaleza del ser humano, a medio camino entre la estantería del cuarto de una niña y un agujero negro que une pasado, presente y futuro.

Película densa y emotiva, Interstellar parece muchas veces meterse en un callejón sin salida o que se va a desmoronar, pero siempre logra fascinar y salir airosa gracias al talento del director, Christopher Nolan, que no descuida el factor humano, las emociones.

La película se mueve constantemente entre la ciencia y el corazón, la razón y las emociones, lo cerebral o los sentimientos; eso que nos hace humanos. Y así, toda la película también parece ser una lucha dentro del propio director; entre su habitual perfeccionismo y frialdad y las emociones y los sentimientos que apenas surgían en su cine pero que aquí acaban estallando y triunfando siendo, sin duda, su film más emocionante y humano.

Interstellar es una gran historia de amor, una intensa y espectacular película de aventuras espaciales y un film de ciencia-ficción tan sugerente como desconcertante, tan apasionante como ambiguo, en el que, eso sí, aunque todo se desarrolle entre científicos e ingenieros, se echan a faltar algunas referencias a Dios o la religión.

La película está rodada con un dominio asombroso, componiendo imágenes y secuencias apabullantes y poderosas, y está construida y narrada como suele ser habitual en Nolan a modo de laberinto; de relato cada vez  más complejo que enreda al espectador y a sus protagonistas en un viaje exterior e interior lleno de sorpresas, traumas y conflictos.

Es innegable la capacidad de Nolan para crear imágenes fascinantes pero desde una gran claridad expositiva, así como también es innegable su capacidad para construir tramas complicadas y enrevesadas con discurso propio, a modo de laberinto o de mago que va preparando sus trucos y ejecutándolos. Además destaca su gran habilidad para dilatar el tiempo y las acciones a través del montaje, alternando varias acciones en paralelo, algo que realiza aquí en el tramo final, entre el padre y la hija, pero sin llegar a rizar el rizo como en la película Origen.

Y la verdad es que el director parece postularse en gran mago del cine. Aquí demuestra la magia de este arte creando una historia alambicada, arriesgada e insensata que mezcla géneros, teorías, reflexiones científicas y metafísica pero haciendo siempre que resulte emocionante, espectacular, que atrape y se siga con gran interés.

El film se ve un poco perjudicado por un exceso de metraje, que se podía haber recortado algo, porque unos cuarenta minutos antes del final se adivina quién es ese “fantasma de Murph” y por algún que otro exceso de subrayado visual y sonoro. Pero, sin duda, todo esto son pequeños defectos que no impiden que estemos ante una estupenda película.

Con Interstellar Nolan vuelve a desatar sus ambiciones para conjugar cine comercial y cine de autor y colarnos dilemas morales, reflexiones e ideas metafísicas o filosóficas dignas de un Stanley Kubrick, un Andrei Tarkovsky o un Terrence Malick y todo ello con el espectacular envoltorio y maestría  de un Steven Spielberg, George Lucas o M.Night Shyamalan.

Pero con Interstellar, más allá de sus agujeros negros o de gusano, de su jerga científica, de sus dimensiones o teorías sobre el espacio y el tiempo, hay que quedarse con que es una película sobre las emociones y el amor en un mundo hipertecnificado pero que agoniza y pide ayuda y sobre la incesante búsqueda del hombre de sí mismo y de algo que nos una y nos trascienda.

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